En un contexto de creciente violencia de género, el eco de la consigna “¡Vivas se las llevaron, vivas las queremos!” resuena en las calles de diversas ciudades de México, marcando el 8 de marzo con una manifestación de dolor y exigencia. La llamada “marea morada” se moviliza, encabezada por familiares de mujeres que se convirtieron en víctimas de feminicidios, un problema que en 2026 sigue causando estragos en el país.
Las cifras son alarmantes: en 2025, se registraron 725 feminicidios, lo que equivale a más de 11 mujeres asesinadas diariamente. De estas víctimas, 614 eran adultas, mientras que 63 eran niñas y adolescentes. Las estadísticas revelan que Sinaloa, el Estado de México, Chihuahua y la Ciudad de México son los lugares más afectados por esta crisis.
Entre los casos que han sacudido al país se encuentran los de Valeria Márquez, Jazmín García de Jesús, Teresita de Jesús y su hija Cindy, así como las estudiantes Karol y Kimberly de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Las trágicas historias de estas jóvenes reflejan un patrón inquietante de violencia que trasciende la seguridad personal:
Valeria Márquez, una influencer de 23 años conocida por sus consejos de belleza, fue asesinada el 13 de mayo de 2025, en su propio salón de belleza durante una transmisión en vivo. A pesar de la atención mediática, aún no se han detenido a los responsables de su feminicidio.
Jazmín García de Jesús, una joven madre de dos niños y policía auxiliar, desapareció el 15 de diciembre de 2025. Su cuerpo fue encontrado días después, enterrado en el patio de su casa, con su pareja como principal sospechoso del crimen.
El caso de Teresita de Jesús y Cindy es particularmente desgarrador. Cindy, quien se refugió en la casa de su madre para escapar de la violencia de su pareja, fue asesinada junto a su madre el 13 de enero de 2026. Su agresor fue detenido posteriormente en Acapulco, pero su historia pone de relieve cuán difícil es escapar del ciclo de la violencia.
Karen Nute, de 19 años, también se convirtió en víctima de este fenómeno; desapareció tras solicitar un viaje por aplicación. Días después, su cuerpo fue hallado en una zona despoblada, subrayando la vulnerabilidad de las jóvenes en espacios públicos.
Por último, el doble feminicidio de Karol y Kimberly, dos estudiantes de la UAEM, provocó una ola de indignación tras ser secuestradas en las inmediaciones de su universidad. Sus cuerpos fueron encontrados semanas después, avivando el clamor por seguridad en todos los niveles educativos.
La violencia de género en México no solo es un problema social, sino un reflejo de una cultura que aún tolera la impunidad. Cada nombre, cada historia, representa un llamado urgente a la acción y a la reflexión. En el marco de esta crisis, la comunidad exige respuestas y justicia, y las calles se llenan de voces que no están dispuestas a ser silenciadas. La lucha continúa, y con ella, la esperanza de un cambio real que garantice la seguridad y la vida de todas las mujeres.
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