El 29 de agosto de 2026, se inscribió un nuevo capítulo en la compleja narrativa del conflicto sirio, cuando los kurdos sirios anunciaron de manera oficial la disolución de su ejército, las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS). Esta decisión impactante fue comunicada por el comandante Mazloum Abdi desde el Palacio del Pueblo en Damasco, marcando el cierre de una historia de 14 años de combates y alianzas estratégicas.
Las FDS, formadas principalmente por milicias kurdas y respaldadas por Estados Unidos desde 2015, jugaron un papel crucial en la lucha contra el Estado Islámico, controlando significativamente un cuarto del territorio sirio, que incluía valiosos campos petroleros y un gobierno autónomo. Sin embargo, tras una ofensiva militar del ejército sirio a principios de año, las FDS perdieron rápidamente aproximadamente el 80% de sus territorios, con ciudades previamente liberadas como Raqqa y Deir al Zor pasando a manos del régimen de Damasco casi sin resistencia.
La razón detrás de esta rendición es clara: las opciones de los kurdos se agotaron. A medida que el ejército sirio avanzaba, el apoyo de Estados Unidos se desvanecía. El nuevo enfoque del gobierno estadounidense bajo la administración de Donald Trump, que buscó favorecer el liderazgo del presidente sirio Ahmed al Sharaa, dejó a los kurdos a la deriva. Sin el respaldo estadounidense, resistir se volvió una tarea imprudente.
El acuerdo que culminó en la disolución de las FDS era el resultado de negociaciones más largas que comenzaron a finales de enero de 2026. A través de estas conversaciones, se buscaba establecer un marco de gobernanza que incluyera garantías para la cultura y el idioma kurdo, aunque numerosos puntos de tensión hicieron que el acuerdo tardara meses en concretarse.
La pérdida territorial y autonomía de los kurdos representa una victoria significativa para el régimen de Damasco. Desde el fin de las hostilidades, el gobierno sirio ha logrado recuperar campos petroleros cruciales y otros recursos estratégicos, además de expandir su control administrativo en el noreste del país. Las FDS, aunque perderán parte de su autonomía, verán a sus brigadas integrarse en las estructuras del gobierno sirio en un intento por mantener algún nivel de influencia.
Para los kurdos, las negociaciones han resultado en ciertas garantías, como la incorporación de sus fuerzas al Ministerio de Defensa y el reconocimiento del idioma kurdo en ciertas áreas. Sin embargo, han perdido la autonomía que una vez caracterizó su autogobierno en el Rojava, el proyecto que aspiraba a un modelo de autogestión.
Mientras el régimen sirio fortalece su dominio, el contexto regional refleja un tablero de ajedrez en movimiento. Turquía, históricamente opuesta a los kurdos, observa desde las sombras con satisfacción, ya que ha conseguido eliminar una amenaza percibida a su seguridad sin recurrir a la guerra, mientras que Estados Unidos muestra señales de que su estrategia se reorienta hacia sus nuevos aliados en la región.
A su vez, la situación provoca inquietudes en Israel, que ha apoyado históricamente a los kurdos y se muestra reacia a la consolidación del poder de Damasco. Irán, quien alguna vez fue un actor clave en este escenario, ha visto disminuida su influencia tras la caída de Bashar al Assad y el ascenso del nuevo gobierno.
La disolución de las FDS marca el fin de una era para los kurdos sirios. Sin embargo, queda la interrogante de cuál será la verdadera naturaleza de su integración en el ejército sirio y cómo se administrarán los desafíos de gobernanza en un territorio tan dividido. Pasado el estruendo de los anuncios, lo que se avecina sigue siendo incierto y complejo en esta región ya de por sí inestable.
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Datos basados en información reportada originalmente por infobae.com.






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