La libertad de expresión y el ejercicio del periodismo en América se enfrentan a un cuadro alarmante, según revela el Índice Chapultepec de Libertad de Expresión y de Prensa, que ha documentado un “deterioro de alcance dramático” en 2025. Este informe, que ha sido elaborado a partir del análisis de 195 expertos en 23 países, muestra que el promedio global ha caído a 47,10 puntos, el nivel más bajo en las seis ediciones del barómetro, lo que subraya una creciente crisis en el ámbito comunicacional en el hemisferio.
Carlos Lauría, director ejecutivo de la Sociedad Interamericana de Prensa, presentó el reporte desde Miami, señalando que esta disminución es significativa tanto en regímenes autoritarios como en democracias consolidadas. Las presiones políticas, la violencia, el acoso judicial y los riesgos crecientes para los periodistas son manifestaciones de una tendencia regional preocupante.
En el caso de México, la situación es particularmente grave. Con una calificación de 34.9 puntos de un máximo teórico de 100, el país ha alcanzado su puntuación más baja desde que se inició el Indice Chapultepec en 2020. México se ubica en el puesto 18 del ranking, descendiendo cinco posiciones respecto a la medición del año anterior.
La ineficacia de los mecanismos de protección a periodistas es alarmante, dado que el país se ha consolidado como uno de los más peligrosos del mundo para el ejercicio del periodismo. Durante el periodo analizado, se registraron nueve homicidios de comunicadores, perpetrados en su mayoría por el crimen organizado, en un contexto donde funcionarios públicos también han sido acusados de hostigamiento y agresiones.
El diagnóstico no es menos sombrío en términos de impunidad. La calificación del estado en cuanto a su respuesta frente a la violencia contra periodistas y medios es crítica, alcanzando solo 6.93 puntos de un máximo de 40. Esta cifra refleja un estado que no comete los asesinatos directamente, pero que es incapaz de garantizar la seguridad de quienes informan.
Adicionalmente, las prácticas restrictivas hacia la expresión ciudadana han llevado a que la dimensión que mide la “Ciudadanía Informada y Libre de Expresarse” haya sido calificada con apenas 8.91 puntos de un máximo de 30. Esta situación se complementa con una evaluación en el ámbito del control de medios y el periodismo que, aunque se mantiene sobre el nivel medio, solo alcanza 19.06 puntos, lo que pone de relieve las dificultades para sostener una prensa independiente.
La gravedad de estos hallazgos debería inquietar no solo a los periodistas, sino a toda la sociedad, ya que una prensa libre es fundamental para el funcionamiento saludable de las democracias y para la protección de los derechos fundamentales de todos los ciudadanos.
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