El estancamiento del proyecto Puerto Nuevo Manzanillo, conocido como Manzanillo II, ha llevado al sector exportador del Occidente de México a una creciente preocupación. Este proyecto crucial enfrenta retrasos significativos, mientras la carga marítima sigue en aumento, creando un ambiente de incertidumbre para la infraestructura del puerto.
Miguel Ángel Landeros, presidente del Consejo Mexicano de Comercio Exterior (COMCE) de Occidente, ha señalado que la capacidad actual de Manzanillo está al límite. Con más del 40% de toda la carga marítima del país, este puerto se ha convertido en el más importante a nivel fiscal, superando incluso a la aduana de Laredo. Sin embargo, el progreso en la ampliación de su infraestructura no ha sido el necesario, lo que representa un riesgo considerable para las cadenas de suministro no solo en Jalisco, sino también en regiones conectadas con Estados Unidos y Canadá.
El crecimiento del comercio exterior, especialmente con Asia, ha acentuado la necesidad de acción. Con la reciente decisión de China de facilitar el cabotaje en Manzanillo, resulta imperativo que la autoridad revele un compromiso claro para avanzar en el desarrollo de la segunda fase de este puerto. Landeros enfatiza que este retraso no solo impacta a la región, sino que puede afectar las red de suministro que abarca toda la zona norte del continente.
Ante esta situación, Landeros también ha instado a Jalisco a participar más activamente en las discusiones sobre el futuro del puerto. La falta de acción podría resultar en una crisis importante en el comercio marítimo exterior, ya que Manzanillo se ha consagrado como el punto neurálgico del comercio en México.
Además, la situación se complica con el impacto ambiental asociado al proyecto. La Administración del Sistema Portuario Nacional (Asipona) inició en 2024 las licitaciones para las obras de Puerto Nuevo Manzanillo, incluyendo la actualización y optimización de la infraestructura existente. Sin embargo, tres Manifestaciones de Impacto Ambiental (MIA) han sido presentadas, de las cuales dos han sido rechazadas por deficiencias y preocupaciones ambientales denunciadas por los pobladores locales. La tercera MIA, que está en consulta pública, enfrenta una fuerte oposición de los habitantes de la Laguna de Cuyutlán, quienes temen que el proyecto afecte su ecosistema y su economía relacionada con la pesca y la producción de sal.
Con la situación actual, y a medida que la presión sobre el comercio marítimo sigue creciendo, el llamado a la acción es urgente. El desarrollo del Puerto Nuevo Manzanillo es no solo una cuestión de infraestructura, sino de vital importancia para la competitividad y la seguridad económica del país. Las repercusiones de no actuar pronto podrían ser graves tanto para la región como para las dinámicas comerciales entre México, Estados Unidos y Canadá.
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