En un rincón del vibrante TJ Byrnes, un pub irlandés en el corazón del distrito financiero de Nueva York, Aaron Timms, escritor y crítico, se dedicaba a explicar los avances del sistema de metro de París. En medio de la conversación, una mujer interrumpió para elogiar su reciente artículo sobre los suburbios, publicado en una edición de la revista New York Review of Architecture. Este encuentro ilustraba no solo el interés por el trabajo de Timms, sino también el bullicio de un evento que reunía a profesionales del medio y entusiastas del diseño para celebrar una publicación que se ha propuesto ofrecer una crítica arquitectónica accesible e significativa.
Fundada en 2019, New York Review of Architecture (NYRA) se destaca en el panorama editorial por su intención de atraer a un público literario, muy similar al que acoge revistas como n+1 y The Baffler. Entre sus páginas, en la edición más reciente, se pueden encontrar artículos de prominentes críticos, como un análisis sobre la demolición del ala este de la Casa Blanca, así como reflexiones sobre la Villa Charlotte Brontë en el Bronx. Mientras tanto, el surgimiento de numerosas revistas especializadas, entre ellas el New York Review of Finance y el Graveyard Review, señala una revitalización del interés por la crítica en diversas temáticas que antes podrían haber sido consideradas demasiado nicho.
En vista de la crisis que ha enfrentado la crítica en los últimos años —con despidos en medios reconocidos como The Washington Post y reestructuraciones en Vanity Fair y The New York Times—, las nuevas publicaciones representan un enfoque fresco y audaz, alejado de las convenciones. Este fenómeno se ha descrito acertadamente como una “revival de la crítica”. Refiriéndose a esta tendencia, Chloe Wyma, subeditora de NYRA, mencionó que estamos en una “reviewnaissance”, una época en la que los críticos pueden encontrar su voz y espacio en un ambiente desafiante.
La historia de la crítica literaria y cultural en Estados Unidos también nos recuerda que, en momentos de crisis, han surgido proyectos significativos. La New York Review of Books, por ejemplo, nació en 1963 durante un conflicto laboral que paralizó las secciones de críticas de libros de importantes periódicos. Fue en una cena donde sus fundadores decidieron crear una publicación que reflejara la pasión y el rigor que ellos consideraban ausentes en las críticas existentes.
A través de sus nuevas iniciativas, las revistas contemporáneas buscan abarcar lo “inusual, lo difícil, lo extenso”, tal como expresó Elizabeth Hardwick en su ensayo de 1959. Samuel Medina, editor de NYRA, indicó que su mayor número de palabras en un solo número alcanzó las 80,000, un indicio del enfoque que se diferencia radicalmente de los formatos más compactos típicos en la crítica de arquitectura.
En la misma velada que reunió a Timms, estaba Michael Nicholas, un urbanista y columnista cuya perspectiva sobre el café se materializa en su obra titulada “the New York Review of Coffee”. Nicholas, junto a sus cofundadores del New York Review of Finance, busca abordar el problema de la hiper-financialización de una manera que resuene con su generación, incorporando un matiz de humor en un contexto que muchos consideran desgarrador.
Esta renovación en la crítica encuentra eco en los jóvenes que asistieron a la celebración, quienes, a pesar de no ser escritores a tiempo completo, manifestaron su deseo de participar activamente en la vida cultural de la ciudad. Afirmaron que es crucial preservar la “artesanía de la tangibilidad” en un mundo que se torna cada vez más digital.
Mientras la industria de la prensa tradicional se enfrenta a incertidumbres, el futuro de estas revistas emergentes, aunque incierto, parece prometedor. Al seguir explorando caminos creativos y enfoques diferentes, la “reviewnaissance” sigue avanzando, reafirmando que, incluso ante la adversidad, la crítica puede y debe prosperar.
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