En el estadio Ciudad de los Deportes, un evento significativo se vio empañado por la inseguridad, afectando tanto a directivos del club Toluca como a los aficionados que asistieron a la final de la Liga MX. La tarde del jueves, el despojo de carteras y teléfonos móviles en los pasillos de salida fue un claro indicativo de la precariedad en las medidas de seguridad que deberían resguardar a los asistentes. Este recinto, que hasta mayo de 2022 había sido declarado no apto para la Primera División, volvió a ser blanco de críticas por su falta de adecuadas condiciones de vigilancia.
A pesar de contar con un despliegue de aproximadamente mil 500 elementos de seguridad pública y privada, los incidentes delictivos no tardaron en hacerse presentes. Francisco Suinaga, presidente de los Diablos, expresó su frustración al confirmar que su grupo también fue víctima de robos, advirtiendo culpablemente sobre las falencias en la logística de seguridad al salir de los palcos. La inquietud no solo abarcó a los directivos del club, sino que varios asistentes también se vieron afectados, generando un ambiente de desconfianza entre la afición.
El clima tensado en el estadio se evidenció aún más con testimonios de aficionados que denunciaron un “robo masivo”. Las circunstancias en las que ocurrieron estos incidentes, en presencia de un operativo policial, dejaron a muchos cuestionando la efectividad de las medidas de seguridad implementadas. Algunos relatos impartieron detalles de cómo funcionan los grupos delictivos en el lugar, indicando que operan en medio de las multitudes, aprovechando la confusión para sustraer pertenencias.
En ese contexto, la Liga MX, al cierre de esta edición, optó por mantener un silencio ante la situación, limitándose a compartir información relacionada con el desarrollo del campeonato, mientras que las voces de los afectados resonaban fuertemente en las redes sociales. La queja por la falta de respuesta institucional sólo aumentaba la sensación de vulnerabilidad entre los asistentes.
La problemática en el estadio no es nueva. En ocasiones anteriores, sus condiciones han llevado a cuestionamientos sobre su certificación para albergar eventos de tal magnitud. Precisamente, el recinto fue clausurado el pasado noviembre por no cumplir con las medidas de protección civil, lo que resulta preocupante, teniendo en cuenta su uso permanente para encuentros deportivos de alto perfil.
La inquietud generada por los recientes incidentes es un recordatorio de que aún existe mucho por hacer en términos de seguridad y confort en instalaciones deportivas. La temporada avanza, y mientras el América pasa por un proceso de remodelación de su sede clásica, la angustia y el temor de los aficionados se mantienen, esperando que medidas efectivas se implementen para brindar un entorno seguro en futuras competiciones.
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