Una camioneta pick-up repleta de cuerpos apilados en bolsas blancas aguardaba el pasado sábado frente a la morgue de Caracas, un escenario desgarrador que ilustra la crisis humanitaria desatada por una serie de devastadores terremotos. Con magnitudes de 7.2 y 7.5, los temblores del miércoles causaron más de 1,400 muertes y dejaron a 50,000 personas desaparecidas, transformando a La Guaira, un estado vecino a la capital, en la zona cero de esta tragedia.
En medio de la desolación, familiares de las víctimas se ven obligados a trasladar los cuerpos de sus seres queridos a la morgue debido al colapso de los servicios funerarios. Yessica Mendoza, una madre de 43 años, llegó a la morgue en la madrugada con el cadáver de su hija Yesimar Rodríguez, de 25 años. Junto a su yerno Jhomel Anaya, de 26 años, quedaron atrapados bajo los escombros tras el derrumbe del edificio donde vivían. “Fuimos nosotros mismos los que los sacamos; no llegó ninguna ayuda”, relató Mendoza, mientras el dolor la consumía.
La desesperación en los rostros de quienes llegan a la morgue es palpable. En una sola hora, la agencia AFP observó el arribo de al menos tres camionetas que transportaban cuerpos cubiertos con sábanas y bolsas, dejando a su paso un olor a descomposición. Un funcionario anónimo reveló que desde el viernes, al menos 200 muertos han sido registrados en esta morgue, sede del Servicio Nacional de Medicina y Ciencia Forense de Venezuela.
Yessica Mendoza expresó que decidió llevar a su hija a la morgue debido al colapso del seguro social y la crítica situación en el hospital de Catia la Mar, donde los cuerpos estaban tirados en el suelo. Tristemente, el viernes encontraron el cuerpo de Yesimar, mientras que el de su yerno había sido recuperado un día antes. “Los vamos a cremar porque ya están en un proceso muy avanzado de descomposición y no los podemos velar”, dijo entre lágrimas, con amplias ojeras marcadas por el agotamiento y la angustia.
La situación en Venezuela es desoladora, marcada por la falta de recursos y la ineficacia de un sistema de salud que ahora parece no estar a la altura de las circunstancias. En medio de este caos y dolor, familias enteras enfrentan la abrumadora tarea de despedir a sus seres queridos en un contexto donde la ayuda es escasa y la tragedia se multiplica.
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