La violencia de género en México persiste como un tema alarmante, a pesar de las luchas y avances logrados por el movimiento feminista. Las cifras revelan que, aunque las investigaciones sobre feminicidios han mostrado una tendencia a la baja, la magnitud del problema sigue siendo desoladora y compleja.
Desde un máximo de 1,021 carpetas de investigación abiertas por feminicidio en 2021, se ha registrado una disminución gradual hasta alcanzar 721 investigaciones en 2025, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). Esta caída interanual del 15.4% impacta en la percepción pública, pero no debe llevar a una subestimación de la gravedad del fenómeno. Desde 2016, los números reflejan un crecimiento sostenido, pasando de 607 investigaciones en ese año a un pico en 2021. Sin embargo, es importante señalar que la clasificación de los casos puede variar significativamente; muchos asesinatos de mujeres son catalogados bajo otras figuras legales, como homicidio doloso, lo que puede ocultar estadísticas que en realidad son más sombrías.
La violencia feminicida no se distribuye de manera equitativa en el territorio mexicano. Estados como el Estado de México, Nuevo León, Veracruz, Ciudad de México y Jalisco concentran el mayor número de carpetas de investigación, en parte debido a su alta densidad poblacional y a contextos de violencia estructural. En el último año, el Estado de México lideró las cifras con alrededor de 89 casos reportados.
No obstante, al analizar los datos en función de la población femenina, emergen patrones preocupantes que destacan tasas desproporcionadamente altas en estados más pequeños. Colima, por ejemplo, ha registrado hasta tres feminicidios por cada 100,000 mujeres, cifras que son alarmantes. Otras entidades como Morelos, Campeche, Nuevo León y Chihuahua también han mostrado tasas superiores al promedio nacional en tiempos recientes.
Contrariamente, hay estados como Yucatán, Querétaro y Coahuila que reportan pocos casos anuales y tasas significativamente más bajas, reflejando el hecho de que la violencia feminicida es un fenómeno que debe ser estudiado a fondo, considerando factores locales como la presencia del crimen organizado y la eficacia de las políticas de prevención e investigación.
Asimismo, diversas organizaciones civiles han señalado problemas en la clasificación de los delitos y en la ausencia de investigaciones con perspectiva de género, lo que influye en la calidad de los datos y, en consecuencia, en la comprensión de la magnitud del problema.
A pesar de la aparente disminución en las carpetas de investigación por feminicidio, el fenómeno continúa siendo uno de los desafíos más críticos en la lucha contra la violencia de género en México. La lucha por una vida sin violencia para mujeres, adolescentes y niñas sigue siendo un reto inmenso que exige una atención plena y multifacética.
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