A partir de 2026, México implementó un arancel del 50% a las importaciones de automóviles provenientes de China, lo que ha tenido un impacto significativo en el comercio bilateral. Según la Administración General de Aduanas de China, en enero de este año, las importaciones de autos desde ese país se redujeron un asombroso 45.3% interanual, alcanzando un valor de 188 millones de dólares. Este cambio en la política arancelaria se enmarca dentro de un incremento más amplio de aranceles que, desde el 1 de enero, oscila entre el 5% y el 50% para 1,463 productos de naciones con las que México carece de acuerdos comerciales.
En noviembre de 2025, México había alcanzado un récord de importaciones de vehículos chinos, totalizando 1,061 millones de dólares y posicionándose como el principal destino mundial para las exportaciones chinas en este segmento. Sin embargo, con el nuevo escenario, el país descendió al lugar 16 en el ranking internacional de importaciones de automóviles en enero.
La respuesta de China no se hizo esperar. A finales de marzo, las autoridades chinas amenazaron con represalias contra México, dado que las nuevas tarifas afectan exportaciones chinas que superan los 30,000 millones de dólares. En enero, China exportó vehículos globalmente por un valor de 11,127 millones de dólares, con Emiratos Árabes Unidos, Reino Unido, Bélgica, Rusia y Brasil como principales destinos. Mientras tanto, las importaciones mexicanas de camiones y vehículos de carga provenientes de China cayeron un 15.7% en comparación con el año anterior, totalizando 70 millones de dólares.
La presidenta Claudia Sheinbaum defendió las medidas arancelarias, asegurando que cumplen con las normativas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), al definir las tarifas dentro de los límites de los aranceles de Nación Más Favorecida (NMF). Este hecho ha llevado a China a ampliar una investigación sobre las barreras no arancelarias, en la que considera las pérdidas causadas por los aranceles mexicanos, utilizando encuestas y visitas a México.
De acuerdo a estas pesquisas, empresas del sector automotriz y textil mencionan que han enfrentado verificaciones más rigurosas bajo el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Las autoridades mexicanas han intensificado las inspecciones y exigencias documentales, lo que ha generado mayores tiempos de despacho, congestión en los puertos y un aumento en los costos logísticos, que abarcan desde el almacenamiento hasta los cargos aduaneros.
Por otro lado, un análisis del Congreso estadounidense sostiene que el modelo económico de China genera un desequilibrio notable entre una débil demanda interna y una sobreoferta de productos manufacturados. Esta situación ha llevado a que China use su capacidad de producción ociosa para fabricar bienes a una escala imponente, como automóviles y acero, que no puede consumir internamente, desatando guerras de precios extremas entre los productores.
El giro en las políticas arancelarias de México marca un capítulo decisivo en la relación comercial con China, cuyo desenlace podría repercutir significativamente en los mercados y en la dinámica económica regional.
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