México y el mundo se encuentran inmersos en una crisis del agua que trasciende las nociones tradicionales de estrés hídrico y sequías. El Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas ha introducido el concepto de “bancarrota hídrica”, subrayando que esta situación no es pasajera, sino un estado hacia el cual los sistemas hídricos críticos han sido llevados.
En un informe alarmante, se destaca que, en las últimas tres décadas, México ha experimentado una disminución drástica en las precipitaciones. La media anual de lluvias ha caído de 877.9 milímetros en 1990 a 735.7 milímetros en 2024, lo que representa una notable reducción del 16.2%. Este fenómeno no es anecdótico: 20 de las 32 entidades del país han registrado menos lluvias. Baja California Sur sobresale con un asombroso 75.3% en la reducción de precipitaciones, seguida por Sonora, Chihuahua, y varias otras entidades del noroeste mexicano, que enfrentan caídas significativas.
El informe también hace hincapié en cuencas como la del río Colorado que, debido a su explotación excesiva, presentan pérdidas irreversibles de recursos hídricos. El lago Mead, esencial para el abastecimiento de agua en varios estados de EE. UU. y México, ha visto sus niveles descender a cifras nunca antes registradas desde la década de 1930, a pesar de las medidas de emergencia implementadas.
Un fenómeno particularmente preocupante es el hundimiento del suelo, resultado de la sobreexplotación de acuíferos. La Ciudad de México, por ejemplo, experimenta un hundimiento promedio de 25 centímetros anualmente, lo que refleja la gravedad de la bancarrota hídrica y la pérdida de capacidad de almacenamiento en los acuíferos, una problemática que parece irreversible.
Mientras la ONU hace un llamado a cambiar la gestión del agua desde un enfoque de crisis a uno de bancarrota hídrica, la situación climática se complica aún más. Las condiciones climáticas recientes han traído un aire ártico que afecta diversas regiones del país, provocando temperaturas de hasta -15 grados en zonas serranas, y condiciones climáticas adversas que podrían impactar aún más en el manejo hídrico.
A pesar de que algunos estados han reportado incrementos en las lluvias, como Morelos o Quintana Roo, estos casos son excepcionales y subrayan la heterogeneidad climática de México. Con un escenario tan crítico, queda claro que la recuperación está lejos de ser un simple cambio de estaciones; es un llamado a la acción ante una realidad implacable. La gestión del agua necesita evolucionar, reconociendo los límites y la necesidad de un uso sostenible. El futuro hídrico del país depende de decisiones audaces y efectivas en un momento en que cada gota cuenta.
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