En mayo de 2026, el Centro Cultural Atatürk de Estambul se convirtió en el epicentro del World Decolonization Forum, un evento celebrado con el propósito de cuestionar y desmontar los legados del colonialismo, y repensar la producción del conocimiento. La cita, organizada por la Fundación NÛN bajo la presidencia de Esra Albayrak, hija del actual presidente turco Recep Tayyip Erdoğan, convocó a una serie de destacados pensadores, entre los que se incluían Walter Mignolo, Joseph Massad y Mireille Fanon Mendès-France.
El foro se presentaba como un espacio innovador, con el lema “Descolonizar la circulación y producción del conocimiento”, y prometía ser el inicio de una serie de encuentros trienales. No obstante, la crítica a la aplicación de sus propios principios resonó con fuerza en el análisis posterior al evento.
Esra Albayrak, durante su intervención, hizo un interesante contraste entre el clásico literario árabe Hayy ibn Yaqzan y Robinson Crusoe, criticando las jerarquías raciales evocadas por figuras como Linneo y Kant. Abogó por un desplazamiento de los centros de conocimiento hacia ciudades del Sur Global como Estambul y Gaza. Sin embargo, el discurso, aunque universal en tono, se tornó instrumentado por su contexto de poder. Al mencionar los males del colonialismo occidental, dejó de lado el colonialismo interno de Turquía, lo que planteó interrogantes sobre la sinceridad de su postura.
Un análisis más profundo del programa del foro reveló cinco notables ausencias que cuestionan su coherencia. En primer lugar, el tema kurdo no fue abordado en ningún panel, a pesar de que la autodeterminación kurda es una de las luchas más prolongadas de la región. Esta omisión es representativa de un discurso que critica ciertas opresiones mientras ignora otras igualmente relevantes.
Además, la memoria histórica se trató de manera selectiva. Si bien se abordaron temas de historiografía colonial, se evitó la discusión sobre genocidios y pogromos que marcan la historia turca, como el genocidio armenio o las políticas hacia las minorías. La historia de Estambul como símbolo de la transformación cultural turca se vio afectada por esta falta de reconocimiento.
Otro vacío notable fue la falta de examinación de las tensiones internas en relación a las mujeres y el islam. Aunque se abordaron epistemologías islámicas, no se discutió la reciente retirada de Turquía de la Convención de Estambul de 2011 sobre violencia contra las mujeres, ni el aumento de la violencia de género bajo el régimen actual.
Además, no se incluyó en la agenda la proyección internacional de Turquía y sus intervenciones en países como Siria y Libia, donde mantiene una presencia militar y apoya políticas que contradicen el discurso de descolonización presentado. Esta disonancia se convierte en un tema central, a medida que se critica el colonialismo de asentamiento en otras regiones, mientras se ignoran las acciones de Turquía.
Por último, la discusión sobre las humanidades en Turquía fue incompleta, ya que no se mencionaron las presiones sobre la academia y la creciente dependencia de fondos estatales, lo que plantea interrogantes sobre la libertad de pensamiento.
La presencia de figuras como Walter Mignolo y Mireille Fanon Mendès-France en el foro también sugiere tensiones complejas. Mientras que sus contribuciones han sido significativas en la crítica al colonialismo, su participación en un contexto estatal tan específico plantea la cuestión de si sus voces realmente desactivan los riesgos de cooptación.
En conclusión, el World Decolonization Forum dejó al descubierto tensiones estructurales que limitan la posibilidad de una descolonización auténtica. Al criticar la colonialidad del saber y la opresión desde una plataforma institucional, se sugiere que cualquier discusión sobre descolonización debe ser exhaustiva y no puede dejar de lado sus propios legados opresores. A medida que Turquía busca posicionarse como un nuevo centro de saber, debe someterse al mismo examen riguroso que exige a otros, reconociendo que la verdadera descolonización es un proceso que no puede ser selectivo y que debe incluir tanto los imperios históricos como los contemporáneos.
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