En un trágico suceso que ha conmocionado a la población de Hermosillo, Sonora, dos de los cuatro cuerpos hallados el pasado viernes en un campamento presuntamente operado por criminales, han sido identificados como Víctor Florencio Cabanillas y Erick Arturo Fernández Zárate. Ambos desaparecieron el 28 de enero en Guaymas y Empalme, respectivamente. La noticia de su identificación fue difundida por Ceci Patricia Flores Armenta, presidenta fundadora de Madres Buscadoras de Sonora y de México, quien lamentó el hallazgo en un mensaje en redes sociales.
“Gracias a todos los que comparten nuestra información es que logramos identificar por los tatuajes y la ropa a dos de los 4 cuerpos que encontramos en el campamento. Nunca sabré qué decirle a sus familias, por un lado terminó su angustia pero por otro se esfumó su esperanza”, expresó Flores, destacando la difícil conexión entre el alivio y la tragedia que viven las familias de los desaparecidos.
El lugar del hallazgo, ubicado en una zona rural al norte de Hermosillo, incluye un campamento alarmante en el que se encontraron más de 200 prendas de ropa, así como una cantidad significativa de pertenencias abandonadas. La activista subrayó que el lugar podría haber sido utilizado para retener a personas, lo que sugiere la magnitud de las actividades delictivas en la zona. Aproximadamente 40 casquillos percutidos también fueron encontrados y asegurados por las autoridades locales.
La búsqueda inició tras una llamada anónima y se llevó a cabo en terrenos de terracería cerca de la calle 12 Norte, en la comisaría de Miguel Alemán, en las inmediaciones del panteón El Crucero. Aunque al menos diez fosas fueron identificadas, no se exploraron el mismo día del descubrimiento debido a la falta de herramientas. Se espera que la Comisión de Búsqueda del Estado de Sonora brinde apoyo en esta situación crítica.
La Fiscalía General de Justicia del Estado de Sonora (FGJES) confirmó la recuperación de prendas de vestir y restos óseos, que han sido enviados a laboratorios de criminalística para determinar su origen y establecer la presencia de posibles manchas de sangre. Las primeras investigaciones indican que el campamento estuvo bajo control de un grupo armado, el cual había sido objeto de un operativo realizado por autoridades de seguridad el septiembre pasado.
Esta noticia resalta no solo el dolor de las familias afectadas, sino la grave situación de inseguridad en la región, donde las desapariciones y la violencia continúan siendo una tragedia cotidiana. La lucha incansable de grupos de búsqueda y la necesidad de una respuesta contundente por parte de las autoridades son aspectos que marcan la actualidad en Sonora, en un contexto donde la esperanza y la desesperanza coexisten de manera desgarradora.
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