En un fin de semana que parecía prometedor para la cultura, el barrio porteño de Chacarita se convirtió en el epicentro de la Feria de Editoriales Independientes (FED). Más de 300 editoriales independientes se reunieron en el Complejo Art Media de Buenos Aires, atrayendo a miles de visitantes, desde lectores y traductores hasta ilustradores y libreros. Una larga fila, que abarcaba más de tres cuadras, se extendía bajo el frío ventoso de agosto, reflejando la creciente relevancia de este fenómeno literario que ha sabido mantenerse a flote a lo largo de distintos gobiernos desde su inicio en 2013.
La FED no es solo un espacio para la venta de libros; es un lugar donde la comunidad lectora se reúne en un ambiente de charlas, risas y reencuentros. Sin embargo, este año, una inquietud latente acompañaba el evento. La posible derogación de la Ley 25.542, conocida como la Ley del Libro, se convirtió en un tema recurrente en las conversaciones. Ajustada desde 2001, esta ley establece un régimen de precio único para la venta de libros en Argentina, y su eliminación amenazaba no solo a las librerías independientes, sino a todo un ecosistema literario.
Víctor Malumián, un editor y organizador de la feria, expresó su preocupación, señalando que cualquier cambio en la legislación afectaría la actividad librera en su totalidad. Argumentó que la ley no representa un costo para el Estado, ya que no subvenciona a editoriales ni librerías. Este malentendido a menudo se presenta como un argumento para la desregulación, vendiendo la idea de que un mercado libre resultaría en precios más bajos. Sin embargo, la experiencia de países como el Reino Unido sugiere lo contrario; la abolición de leyes similares ha llevado al cierre de numerosas librerías independientes.
La diversidad de la FED es también un punto destacado: desde pequeños sellos editoriales hasta grandes nombres consolidados, y una variedad de géneros literarios que abarca desde poesía hasta ensayos políticos. Este “ecosistema” literario se caracteriza por una “bibliodiversidad” que, gracias a la ausencia de intermediarios, permite un contacto directo entre editores y lectores. Las charlas sobre literatura y traducción, así como la entrega de premios a librerías, conformaron un ambiente dinámico y enriquecedor.
Las preocupaciones sectoriales acerca del posible levantamiento del precio único han encontrado eco en diversos foros culturales y redes sociales. Sin embargo, parece que la presión de la comunidad literaria ha dado resultados. El 12 de agosto, el presidente Javier Milei anunció que la Ley del Libro no será objeto de debate en el Congreso, lo que se ha recibido como una buena noticia por parte de las editoriales independientes y toda la comunidad involucrada en el mundo del libro.
Con un futuro incierto, la FED continúa siendo un baluarte para quienes defienden la literatura como un bien cultural invaluable en Argentina, recordando que la defensa del libro es también la defensa de su universo. En un panorama donde la resistencia cultural es esencial, la feria destaca como un espacio vital que ofrece un refugio para la creatividad, la diversidad y la comunidad lectora.
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