Las instituciones artísticas en Cleveland, Ohio, cuentan con un sistema de financiación que podría sorprender a muchos. En un hecho singular a nivel nacional, algunos de los principalesPresenter de artes visuales, así como organizaciones más pequeñas, reciben financiación cada vez que un residente de Cuyahoga County adquiere un paquete de cigarrillos. Este innovador modelo ha permitido que la cultura florezca en la región.
Desde que entrara en vigencia en 2007, un impuesto sobre el tabaco ha generado un asombroso total de 270 millones de dólares para el arte local, facilitado a través de la organización sin fines de lucro Cuyahoga Arts and Culture. Esta entidad ha otorgado alrededor de 4,000 subvenciones a 485 organizaciones no lucrativas, mientras que el estado de Ohio ha recibido apenas 48 millones de dólares de la National Endowment for the Arts en el mismo período.
Entre los beneficiarios de este financiamiento se encuentra el Cleveland Museum of Art, fundado en 1913 y conocido por su vasta colección, así como el Museum of Contemporary Art Cleveland, que ha estado en un moderno edificio desde 2012. Además, el Cleveland Institute of Art, una institución con 135 años de historia, también se beneficia de este apoyo.
La diversidad de instituciones beneficiadas es notable. Desde el ICA-Art Conservation, que es el primer centro regional de conservación de arte sin fines de lucro en el país, hasta el Sculpture Center, que apoya a artistas en todas las etapas de su trabajo creativo. Asimismo, se han otorgado fondos a entidades como el Cleveland Arts Prize, que otorga premios de 10,000 dólares a artistas, escritores, músicos y otros creativos.
Sin embargo, no toda la financiación proviene de fondos específicos, ya que mantener museos y llevar a cabo exposiciones es costoso. Muchos se ven obligados a buscar apoyo adicional de patrocinadores adinerados. Esto puede llevar a situaciones controversiales, como el patrocinio de empresas en el sector de combustibles fósiles y farmacéutico que ha desencadenado protestas, evidenciando la sensibilidad del público hacia tales asociaciones.
La ironía de esta situación no se escapa a quienes observan el mundo del arte. Se recuerda cómo el apoyo de dinero del tabaco fue parte del financiamiento de una famosa sucursal del Whitney Museum of American Art en Nueva York entre 1983 y 2008. En aquel entonces, el museo fue rebautizado tras un cambio de nombre de la empresa patrocinadora, aunque finalmente cerró cuando esta trasladó su sede.
Curiosamente, mientras las tasas de tabaquismo han disminuido drásticamente en la zona—reduciéndose del 35% al 19% en la última década—a su vez, los ingresos fiscales de este impuesto se han reducido a la mitad. No obstante, a pesar de esta caída, el año pasado los votantes aprobaron de manera abrumadora un aumento que más que duplica la tasa del impuesto sobre cigarrillos, buscando mantener la salud financiera de las instituciones culturales de la región.
A medida que Cleveland continúa navegando estas complejidades, el futuro de su escena artística parece interconectado de maneras poco comunes, donde decisiones de salud pública, economía y cultura se entrelazan en un relato fascinante y revelador.
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