México se enfrenta a una alarmante preocupación ambiental: la deforestación. Desde el año 2001 hasta 2024, el país ha perdido casi 4.9 millones de hectáreas de superficie forestal, un impacto devastador reconocido por el Sistema Nacional de Monitoreo Forestal de la Comisión Nacional Forestal (Conafor). Esta tendencia inquietante se intensificó aún más, ya que los registros satelitales de Global Forest Watch indican que en 2025 se concluyó con la pérdida de 220,000 hectáreas de bosque natural.
Para detallar la magnitud del problema, es relevante señalar que durante el periodo mencionado, se acumularon 4,885,245 hectáreas deforestadas, lo que equivale a un promedio aproximado de 203,551 hectáreas cada año. Este fenómeno no distribuye su impacto de manera uniforme a lo largo del territorio nacional; las selvas cálido-húmedas, por ejemplo, soportan la mayor parte de la deforestación, con 2,056,066 hectáreas destruidas, es decir, el 42.09% del total. Por otro lado, las selvas cálido-secas ocupan el segundo lugar, con 1,300,827 hectáreas, que representan el 26.63%. Juntas, estas ecorregiones abarcan casi el 70% de la superficie deforestada entre 2001 y 2024. Las sierras templadas, aunque en menor proporción, también contribuyen a la cifra con 839,663 hectáreas, lo que representa un 17.19%.
La agricultura emerge como el principal motor detrás de esta devastación. Según las cifras de la Conafor, la transformación de terrenos forestales en áreas agropecuarias constituye la causa principal de la deforestación. La conversión de bosques a pastizales representa un alarmante 73.29% del total, con un promedio que ronda las 149,190 hectáreas anualmente. En segundo lugar está la transformación de estos terrenos hacia tierras agrícolas, que compone un 21.99%, equivalente a aproximadamente 44,766 hectáreas anuales. Al sumar ambas actividades, explican más del 95% de la deforestación promedio registrada.
Los otros usos del suelo, así como la expansión de asentamientos humanos, representan porcentajes menores, con un 2.44% y un 2.22% respectivamente. Sin embargo, es la concentración de la pérdida en las selvas cálido-húmedas lo que resulta especialmente preocupante, dado que estos ecosistemas son cruciales para la regulación hídrica, la captura de carbono y la conservación de la biodiversidad.
Vale mencionar que las entidades más afectadas, según el Sistema Nacional de Monitoreo Forestal, incluyen Campeche, Chiapas, Jalisco, Michoacán, Oaxaca, Quintana Roo, Yucatán, Guerrero y Veracruz. La supervivencia de estos ecosistemas, junto con la salud ambiental del país, penden de un hilo. La situación exige atención urgente y acciones concisas para preservar lo que queda y mitigar esta crisis antes de que sea irreversible.
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