La desigualdad en México se presenta como un reto significativo en el ámbito del desarrollo social y económico. A pesar de la magnitud estructural de este asunto, se ha observado en los últimos años una reducción notable en la disparidad de ingresos entre las familias mexicanas.
A cierre del año 2024, los datos revelan que los hogares en la cúspide de la pirámide económica alcanzan un ingreso medio de 78,698.3 pesos mensuales, mientras que las familias en la base perciben, en promedio, solo 5,598.3 pesos al mes. Esto implica que las familias más adineradas disfrutan de ingresos que son 14 veces superiores a los de las más desfavorecidas.
Esta cifra destaca una disminución en la desigualdad si se compara con registros anteriores; en 2016, el ingreso medio de los hogares del decil X (los más ricos) era 20 veces mayor que el de los hogares del decil I (los más pobres). Este cambio refleja una tendencia constante durante casi una década, impulsada en gran parte por una mejoría en los ingresos de las familias en situaciones vulnerables, a excepción del año 2020, marcado por la crisis económica ocasionada por la pandemia.
El Coeficiente de Gini, que mide la concentración de la riqueza en un país, también señala este avance: en México, este indicador disminuyó de 0.449 en 2016 a 0.391 en 2024. Este índice, que varía de 0 a 1, sugiere que una cifra más cercana a uno indica una mayor desigualdad.
Sin embargo, a pesar de la mejora general en la distribución del ingreso, persisten brechas significativas en la composición de los ingresos entre diferentes deciles. En 2024, las familias más ricas obtienen el 63% de sus ingresos a través de su trabajo, en comparación con solo un 44% para las familias más pobres. Además, las transferencias directas —que incluyen jubilaciones, becas y apoyo gubernamental— constituyen un 16% del ingreso promedio de las familias adineradas, mientras que para las más pobres esta cifra asciende a un 36%.
Este escenario resalta una dependencia alarmante: cuatro de cada diez pesos que reciben las familias más pobres provienen de fuentes externas, lo que contrasta notablemente con la situación de las familias ricas, que dependen en menor medida de estas transferencias. Además, los hogares del decil más alto concentran un 11% de sus ingresos provenientes de arrendamientos de activos e inversiones, mientras que para los hogares del decil más bajo, esta cifra apenas alcanza menos del 1%.
A pesar de estas significativas brechas, la tendencia general indica una mejora en la distribución de la riqueza en México y un incremento en los ingresos promedio de las familias. Esta información se basa en datos recopilados hasta la fecha de publicación actual, 30 de julio de 2025.
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