El colapso urbano se hizo evidente en la Ciudad de México durante la madrugada de anoche, cuando las lluvias, cada vez más intensas y frecuentes, arrastraron automóviles y desbordaron calles en la alcaldía de Tlalpan. Este fenómeno, resultado de la acumulación de basura en las coladeras y la inacción de las autoridades, expone la falta de preparación ante lo que ya es una crisis ambiental común.
Mientras tanto, el sector educativo sigue enfrentando un desánimo palpable. El calendario escolar se mantiene intacto a pesar del creciente clamor por cambios que reflejen las necesidades actuales de los estudiantes. A pesar de los esfuerzos por escuchar y rectificar, muchos se limitarán a criticar sin ofrecer propuestas efectivas. Se asiste a un retroceso en la calidad educativa, donde los egresados de hoy muestran sólo una sombra de lo que alguna vez fueron los “sobresalientes”.
Además, la industria petrolera, particularmente la refinería de Salina Cruz en Chiapas, sufrió una explosión que dejó como saldo seis heridos, un incidente que no tuvo el eco que merece entre los medios de comunicación. Estas tragedias, junto a la incapacidad de las autoridades para prevenir desastres, subrayan la ausencia de campañas de limpieza coordinadas y la corresponsabilidad entre los ciudadanos y sus gobiernos.
Los jóvenes, niños y niñas estarán ocupando las aulas hasta el 15 de julio, un tiempo en el que, lamentablemente, parece que el aprendizaje se queda corto. Las antiguas evaluaciones han sido abandonadas, lo que refleja la falta de un diagnóstico claro sobre el estado real de la educación y el futuro de los estudiantes. Sin programas de mantenimiento a las instalaciones petroleras en más de dos décadas, se evidencia un silencio cómplice de los sindicatos que prefieren mantener su poder en lugar de exigir condiciones seguras y justas.
La situación en el país se encuentra en un punto crítico, con necesidades urgentes que requieren decisiones firmes, no meras declaraciones. La falta de acción ante el acoso escolar y el abandono de recursos potenciales son solo algunas de las señales de un sistema en crisis. La discusión sobre Sinaloa y la posible “injerencia” de Estados Unidos resalta la urgencia de que México retome su responsabilidad de proteger sus instituciones.
Mientras tanto, no podemos permitirnos seguir quejándonos de lo que ya sucedió. Es esencial revisar nuestros errores para enderezar el rumbo. El verdadero desafío no reside en un enemigo externo, sino en nuestras propias fallas internas. Apenas unos días después de esta crisis, la atención se desvía hacia el caso de Jorge Luis Lavalle Maury, que, tras verse implicado en irregularidades durante su tiempo como senador, se presenta ante la sociedad con logros como la llegada de un restaurante a Campeche.
En un país que enfrenta múltiples crisis sociales y una falta de credibilidad en sus instituciones, es crucial que se asuma la responsabilidad de hacer bien la tarea. Cuanto más se ignoren las verdades, más evidentes se volverán. La tarea de construir un futuro más justo y equilibrado empieza hoy.
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