Hablar de literatura, incluso cuando discutes sobre un adjetivo o un tono, supone siempre hablar de política. La implicación sobrepasa los límites del apoyo a un emperador, un conde-duque o un presidente. Lo que hay en juego es la toma de decisiones sobre los derechos, los deberes, el futuro y las formas de vida de la gente. Desde Dante hasta Ajmátova, pasando por unos y otras, la mirada del escritor ha sido política, incluso cuando defendió la pureza. Juan Ramón Jiménez se hizo poeta puro para distanciarse de la farsa política decimonónica. La España oficial de los liberales y los conservadores se había separado de la España real. Recuerdo ahora la situación que dio paso a la famosa crisis del modernismo y el 98, porque algunas de las opiniones lanzadas contra la legitimidad del Gobierno y la composición del Parlamento me recuerdan los antiguos esfuerzos por separar la oficialidad de la sociedad viva. Deslegitiman la política real los que quieren convertir la política oficial en una democracia hueca.
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