En 2026, la situación de la desnutrición infantil en Afganistán ha alcanzado niveles alarmantes. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA) advierte que casi 3,7 millones de niños afganos sufrirán desnutrición aguda este año, una cifra preocupante que también incluye a 1,2 millones de mujeres embarazadas y lactantes. Este fenómeno ha sobrepasado los límites críticos en 12 provincias, y ha empeorado notablemente en comparación con el año anterior.
La emaciación, una forma gravísima de desnutrición, se presenta cuando los niños están extremadamente delgados para su tamaño debido a una ingesta inadecuada de alimentos o enfermedades. Según John Aylieff, director del PMA en Afganistán, el 80% de los casos más serios de emaciación afectan a niños menores de dos años, muchos de los cuales llegan a las clínicas cuando ya es demasiado tarde para salvarlos.
Ante esta crisis que se agrava día a día, Aylieff expresó en Ginebra: “Estamos rechazando a los pacientes con las manos vacías, sin absolutamente nada”. La reducción drástica del financiamiento internacional ha forzado el cierre de 142 centros de salud en 2025, dejando a más de 13,000 menores sin acceso a tratamientos esenciales. Además, la capacidad operativa del PMA ha disminuido considerablemente; de atender uno de cada cuatro casos en marzo pasado, ahora solo puede ayudar a uno de cada siete.
La situación se complica aún más con el anuncio de que las distribuciones de alimentos previas a la hambruna se suspenderán entre agosto y octubre, coincidiendo con el periodo de mayor incidencia de desnutrición. Esto se debe a la escasez de suministros por el conflicto en Oriente Medio y el prolongado cierre de la frontera con Pakistán, lo que ha interrumpido la cadena de entrega de productos nutricionales vitales, dejando a cerca de un millón de personas sin servicios esenciales durante cinco meses.
Para mantener sus operaciones en los próximos seis meses, el PMA requiere urgentemente 540 millones de dólares. Notablemente, la ayuda alimentaria disponible para Afganistán ha caído un 59% desde 2022, a pesar de que las necesidades han aumentado. Desde enero de 2025, tanto Estados Unidos como varios países europeos han reducido considerablemente sus contribuciones, un hecho alarmante dado que el monto solicitado para enfrentar esta crisis humanitaria asciende a 1,700 millones de dólares, de los cuales solo se ha conseguido poco más del 26%.
Las cifras son desoladoras y la situación, crítica; sin embargo, es crucial que la comunidad internacional no ignore esta crisis que afecta a los más vulnerables, particularmente a los niños y las mujeres en Afganistán. Las necesidades continúan creciendo, y con ello, la urgencia de atención y apoyo sostenido para enfrentar este desafío humanitario.
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