En la emblemática escalinata de la Basílica de San Pedro, el 26 de abril de 2025, tuvo lugar un evento de profundo significado para la Iglesia Católica y sus fieles: la liturgia de despedida del Papa Francisco, encabezada por el decano del Colegio Cardenalicio, el cardenal Giovanni Battista Re. Este solemne rito reunió a 980 concelebrantes, que incluyeron cardenales, obispos y sacerdotes, todos congregándose para rendir homenaje al Pontífice fallecido.
El simbolismo del evento se acentuaba con la presencia del querido icono de la Salus Populi Romani, ubicado frente al altar, un elemento significativo en la vida del difunto Papa. La ceremonia no solo fue una catarsis de dolor, sino también una reafirmación de la fe cristiana en la resurrección, tal como lo establece el Ordo Exsequiarum Romani Pontificis.
La Misa, celebrada en latín y diseñada según las nuevas simplificaciones propuestas por el Papa Francisco, reflejó su deseo de aproximar la liturgia a la sencillez y accesibilidad. Se prepararon 225 copones para los fieles y 80 cálices para los sacerdotes, indicando la magnitud de la ceremonia que no solo involucraba a los que estaban en el altar, sino también a la multitud de creyentes que acudieron a rendir homenaje.
Las oraciones de los fieles, pronunciadas en varios idiomas—francés, árabe, portugués, polaco, alemán y chino—enriquecieron la diversidad del rito, mientras que la Ultima commendatio y la Valedictio ofrecieron un profundo sentido de comunión y esperanza.
Tras la liturgia, el cuerpo del Papa fue trasladado en una solemne procesión hacia la Basílica de Santa María la Mayor para su enterramiento. Este recorrido incluyó significativas avenidas de Roma,poniendo de relieve la conexión del Papa con la ciudad y su gente. El entierro fue precedido por la entonación de salmos y el Padrenuestro, momentos que rezumaban devoción y solemnidad.
El nicho en el que reposará el Papa se sitúa entre la Capilla Paulina y la Capilla Sforza, donde se llevarán a cabo rituales que integrarán el rezo del Regina Caeli, simbolizando la continuidad de la fe en el reino de los cielos. También se realizaron gestos formales, como la firma del acta de entierro, que aseguraba la autenticidad y solemnidad de este evento histórico.
El funeral no solo congregó a figuras eclesiásticas, sino también a delegaciones internacionales. Desde Argentina hasta Estados Unidos, países de todos los continentes enviaron representantes, subrayando el impacto global del legado del Papa Francisco. Entre los asistentes se encontraron jefes de Estado y dignatarios de diversas naciones, que honraron la memoria de un líder que abogó por la paz y la unidad.
La representación ecuménica fue igualmente notable, con líderes de varias confesiones cristianas presentes, reafirmando el deseo de diálogo y unidad en la diversidad de la fe. Representantes de diferentes religiones también participaron, mostrando un respeto interreligioso que es esencial en tiempos de duelo.
Este evento, marcado por la solemnidad y el respeto, quedó grabado en la memoria colectiva, no solo de los presentes, sino de millones de fieles alrededor del mundo, resonando el mensaje de amor y compasión que el Papa Francisco promovió a lo largo de su vida.
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