Devon Booker, estrella de los Phoenix Suns y un reconocido guardia de la NBA, ha hecho olas no solo en la cancha, sino también en el mundo del arte. En sus tres visitas al famoso Roden Crater, una obra monumental del artista James Turrell, Booker ha cultivado una amistad con el creador, quien lo ha elogiado como un “increíble ser humano”. Este espacio artístico, emplazado en un volcán inactivo, ha cautivado a Booker desde su primera visita en 2020.
Un perfil exhaustivo en un medio destacado reveló que la fascinación de Booker por esta obra se deriva de la singular experiencia que ofrece Roden Crater. Turrell ha dedicado más de cinco décadas a dar forma a esta instalación, diseñada para transformar la percepción de los espectadores hacia la luz y el espacio. Dentro de esta relación creciente entre el arte y el baloncesto, Booker ha compartido su entusiasmo por llevar a su compañero de equipo, Steph Curry, a visitar este mundo de arte. Curry, por su parte, ha sido un admirador reciente de Turrell, adquiriendo una de sus obras.
Recordando sus visitas a Roden Crater, Booker describió la experiencia como casi trascendental: “Mi piel se eriza al recordar cada vez que he estado allí. Es como si estuvieras caminando hacia un portal, y no importa cuánto te acerques, parece que hay algo más allá, una especie de cielo”. Esta poderosa narrativa no sorprende, dados los caminos exploratorios que Turrell ha trazado para crear un espacio que invoca contemplación y conexión.
Turrell, un apasionado del baloncesto y del arte que requiere de tiempo y dedicación para ser apreciado, habla del impacto de conocer a Booker. “Fue una emoción conocerlo”, comentó Turrell. “Estas son personas especiales, que han dejado huella en el baloncesto y en la comunidad de Phoenix”. El artista aprecia cómo las experiencias como las de Roden Crater pueden complementar la vida profesional de atletas como Booker, proporcionando una perspectivas renovada tanto dentro como fuera de la cancha.
La búsqueda de autenticidad de Booker se hace evidente en sus elecciones personales, desde su estilo hasta su colección de arte. En palabras de un compañero de equipo, Ryan Dunn, “Él quiere ser Devin. No quiere ser nadie más”. Esta autenticidad se traduce en un compromiso por disfrutar de lo que le gusta, sin la necesidad de validar esas preferencias frente a los demás.
Además, Booker ha hecho hincapié en cómo el arte, como el de Roden Crater, puede ser una herramienta invaluable para centrarse en el presente y administrar la ansiedad, tanto en el deporte como en la vida cotidiana. “Te hace estar súper presente”, afirmó. “No muchas veces puedes estar donde están tus dos pies y no pensar en lo que sucede en el mundo”.
La conexión entre Devon Booker y el arte de James Turrell no solo se trata de visitas a un cráter, sino de un viaje compartido que trasciende las líneas de juego, reflejando la búsqueda de significado en la vida y en el arte.
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