En el contexto del Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, celebrado cada 28 de mayo, se vuelve vital reflexionar sobre la continua lucha por cerrar las brechas de género en el acceso a servicios de salud. Desde su creación en 1987, esta efeméride ha enfatizado que la salud de las mujeres trasciende el ámbito reproductivo, abarcando también la salud mental, las enfermedades crónicas y el acceso integral a sistemas de salud.
En México, a pesar de los avances en cobertura médica y atención preventiva, los obstáculos son aún significativos. Por ejemplo, una de cada cuatro mujeres en el país carece de afiliación a algún servicio de salud, ya sea público o privado. El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) se presenta como la principal opción, albergando al 49.7% de las mujeres que gozan de acceso a servicios de seguridad social médica.
Las cifras revelan que las mujeres son más propensas a buscar atención: el 27.4% de las mujeres reportó una necesidad reciente de salud, en comparación con el 21.6% de los hombres. Sin embargo, solo el 45.3% de las mujeres que recibieron atención médica lo hizo en instituciones públicas. Las enfermedades del corazón, la diabetes y el cáncer son las principales causas de muerte, evidenciando una necesidad urgente de atención adecuada.
El panorama se torna aún más grave con la penalización del aborto en nueve de las 32 entidades federativas y el alto índice de embarazos adolescentes; entre 2021 y 2024, el 32.3% de las adolescentes de 15 a 19 años que comenzaron su vida sexual informó haber estado embarazada. A nivel nacional, cinco de cada 100 adolescentes en este grupo de edad son madres, lo que subraya la urgencia de políticas efectivas en salud reproductiva.
Adicionalmente, el acceso a salud integral se ve limitado por factores como el trabajo informal, que a menudo priva a las mujeres de servicios médicos, así como barreras geográficas y lingüísticas que obstaculizan el acceso a información crítica. Las mujeres indígenas enfrentan el doble de dificultades en comparación con sus contrapartes no indígenas, lo que refleja las profundas desigualdades que persisten.
Los datos son claros: las mujeres siguen enfrentando altos niveles de sintomatología depresiva y estrés, como indican las encuestas nacionales de salud. Los esfuerzos por extender la cobertura médica en México son insuficientes, especialmente para las mujeres en situaciones vulnerables, como aquellas que son pobres, rurales, indígenas, o parte de la comunidad LGBT+.
Es imperativo que el acceso efectivo a la atención médica y el apoyo en salud reproductiva no dependa del nivel de ingresos, la ubicación geográfica o las redes de apoyo. La salud de millones de mujeres en México sigue condicionada por desigualdades estructurales, un llamado a la acción que resuena con fuerza en toda la sociedad.
Este artículo recoge un contexto crucial y actualizado hasta el 28 de mayo de 2026, abogando por una reflexión profunda y acciones concretas que busquen transformar el panorama de la salud de las mujeres en México.
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