El 10 de mayo, tradicionalmente un día de celebración en honor a las madres, se ha transformado en un símbolo de lucha y protesta en México. Este año, como en años anteriores, decenas de madres y familiares de personas desaparecidas salieron a las calles, sosteniendo fichas de búsqueda y pancartas con los rostros de sus seres queridos. La capital del país fue testigo de su clamor: “Hoy no tenemos nada que celebrar en un país con más de 133,000 personas desaparecidas”.
Grace Fernández, vocera del Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México y parte del colectivo Búscame, subrayó que desde hace 14 años, esta fecha ha adquirido un significado más profundo. El 10 de mayo se ha convertido en un momento para visibilizar la crisis de desapariciones, un sufrimiento que afecta a muchas mujeres, quienes, aunque no todas buscan a un hijo, son madres que se ven obligadas a dejar a sus hijos para buscar a sus esposos, hermanos o padres.
Fernández enfatizó la urgencia de la situación: “No estamos buscando un vehículo, estamos buscando a un ser querido. Este reclamo no va a parar”. Aunque reconoce ciertos avances en el diálogo con el gobierno, lamenta que las autoridades no comprendan la dimensión del problema. Los funcionarios insisten en que la violencia disminuye, mientras que las familias de los desaparecidos continúan enfrentando la amarga realidad de no tener respuestas.
El llamado a la acción resonó en múltiples estados: Chihuahua, Coahuila, Jalisco, Sinaloa, Tamaulipas, Querétaro, Estado de México, Guanajuato y Ciudad de México. Las marchas no se limitaron a la capital; en ciudades como Guanajuato y Michoacán, las madres acercaron fichas de búsqueda a los palacios de gobierno, demandando atención a la falta de acción por parte de las autoridades.
Además, el fenómeno de las desapariciones no solo afecta a mexicanos. Madres buscadoras hondureñas, salvadoreñas, guatemaltecas, cubanas y venezolanas se unieron a estas marchas, buscando información sobre sus hijos migrantes. Este acto de solidaridad global resalta el sufrimiento compartido entre familias de diferentes nacionalidades.
La activista también mencionó que, aunque el gobierno federal ha abierto foros para escuchar a los colectivos, estos espacios no son suficientes. Con un “micrófono abierto” que desdibuja el diálogo genuino, el verdadero entendimiento sigue siendo un reto. En este contexto, se presenta una nueva oportunidad para que las autoridades evalúen su papel en esta crisis. Con un informe próximo de la Comisión Interamericana sobre desapariciones y solicitudes del Comité Contra las Desapariciones de la ONU, se espera que la comunidad internacional haga que el gobierno actúe.
A medida que las madres continúan su búsqueda incansable, su lucha resuena más allá de las fronteras. En medio de la indiferencia, se han agrupado con otras familias, compartiendo esperanzas y fortaleciendo su determinación. Aunque el 10 de mayo haya dejado de ser un día de alegría, se ha convertido en un símbolo poderoso de resistencia frente a un dolor que no debe ser ignorado.
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