En la tranquila atmósfera de Guanajuato, el 26 de octubre de 2025, el Auditorio del Estado fue escenario de una experiencia extraordinaria con la presentación de “Hard to Be Soft: A Belfast Prayer”, la innovadora obra de la coreógrafa Oona Doherty. La artista, originaria de Belfast, trajo a México esta pieza que ha dejado huella en el panorama internacional de la danza contemporánea, en el marco del destacado Festival Internacional Cervantino, que este año celebró a Reino Unido como país invitado de honor.
La función, que tuvo lugar el viernes por la noche, fue un despliegue impactante de movimientos que fusionaron la fuerza física con una profundidad emocional notable. A través de su coreografía, Doherty evocó recuerdos y plegarias, creando un diálogo entre la cruda realidad de las calles de Belfast y pequeños gestos que capturan la vida de las comunidades trabajadoras. Este contraste entre dureza y delicadeza permitió que los espectadores tuvieran una mirada íntima sobre la experiencia urbana en una ciudad marcada por la historia.
La obra incluyó episodios como “Lazarus and the Birds of Paradise”, “Sugar Army”, “Meat Kaleidoscope” y “Helium”, donde la presencia de Doherty se entrelazaba con la de otros intérpretes, creando una coreografía rica en interacciones. La música de David Holmes, que acompañó todo el montaje, combinaba registros sonoros que evocaban la fe, la memoria y la violencia que ha dejado una marca indeleble en Belfast, mientras que los pasajes más íntimos eran acompañados por las voces de los habitantes locales y fragmentos de música litúrgica.
El público, aunque no llenó el recinto en su totalidad, mostró una diversidad de reacciones. Algunos se sintieron perdidos ante los momentos más abstractos, mientras que otros se centraron en la fusión entre intérpretes, espacio y luz, lo que permitió apreciar de cerca la interacción de los cuerpos con el escenario.
El equipo detrás de la producción fue igual de crucial, con Ciaran Bagnall a cargo del espacio escénico en un limbo blanco y luminoso, y un equipo técnico que incluyó a Luca Truffarelli en fotografía y filmación, Jack Phelan en proyecciones, y Lisa Marie Barry en la producción y dirección de escena.
El reconocimiento no se hizo esperar: “Hard to Be Soft” fue aclamada en la 57 Bienal de Venecia, donde logró el León de Plata, destacándose por su ingenio y emotividad. Esta pieza reconstruye fragmentos de la infancia de Doherty durante “The Troubles”, conflicto que agobió a Irlanda del Norte en las últimas décadas del siglo XX. En las notas curatoriales de OD Works, la compañía de la coreógrafa, la puesta en escena se describe como un “himno existencial” que proyecta recuerdos hacia un espacio sagrado, donde cada gesto revela lo oculto y abre la puerta a la posibilidad de claridad entre la historia.
Miriam Canseco, estudiante de la Universidad de Guanajuato, compartió su impresión sobre la obra, señalando que, si bien fue innovadora, puede haber resultado muy conceptual para algunos espectadores latinoamericanos: “Uno puede decir que estuvo chingona, pero creo que es exagerar lo que se percibe; no todos logramos conectar con cada símbolo y movimiento, aunque la fuerza física y la sensibilidad de los intérpretes se hicieron evidentes”.
La repercusión de la obra se hizo evidente no solo en esta función, sino también en su reconocimiento previo como la mejor obra de danza británica en 2019, según “The Guardian”. El impacto de “Hard to Be Soft: A Belfast Prayer” sigue resonando, invitando a una reflexión sobre la memoria, la historia y la expresión artística en un mundo marcado por sus cicatrices.
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