En un rincón peculiar de la internet china, ha comenzado a circular una afirmación desconcertante: la famosa dinastía Tang, que gobernó desde el 618 hasta el 907 d.C., nunca existió. Este período no solo se destaca por su expansión territorial y comercio próspero, sino también por una cultura elevada que sigue siendo objeto de estudio y reverencia en el país. Esta afirmación, que parece tan absurda como afirmar que la Guerra Civil estadounidense no tuvo lugar, ha ganado una sorprendente tracción en la comunidad en línea, creando así un desafío para el Partido Comunista, que ha mantenido un control estricto sobre la narrativa histórica de una civilización que se remonta a 5,000 años.
El origen de esta controversia radica en un video publicado en mayo por un influencer de historia, Qiao Yu. En esta grabación, utilizó datos astrológicos para “probar” que la dinastía Tang era un mito. Desde entonces, el asunto ha adquirido un giro inesperado: ciudadanos han contactado a la oficina de turismo de Xi’an, la antigua capital de esta dinastía, exigiendo su cierre, argumentando que este lugar emblemático es parte de una farsa histórica.
La controversia ha resonado en las plataformas sociales chinas, donde el hashtag “la dinastía Tang no existe” ha acumulado decenas de millones de visitas en Weibo. Mientras tanto, el asunto ha suscitado una reflexión más profunda sobre el nacionalismo y la identidad china. Algunos nacionalistas han señalado que el emperador fundador de la dinastía Tang no era de origen Han, el grupo étnico mayoritario en China, lo que ha llevado a discusiones sobre el legado de un período que también se considera parte de la historia interasiática.
Expertos en historia, como William Kirby de la Universidad de Harvard, han calificado estas ideas de “insanas”, reafirmando la existencia indiscutible de la dinastía Tang. Sin embargo, a medida que la confusión se propaga entre las generaciones más jóvenes, preocupaciones sobre el impacto de este tipo de afirmaciones en la percepción histórica son evidentes. Medios de comunicación respaldados por el Estado han comenzado a intervenir, advirtiendo sobre el “nihilismo histórico”, un término acuñado por el Partido para describir la discusión que desafía su interpretación de la historia.
Con la creciente tensión, la edición del People’s Daily condenó dicha afirmación como “absurda”. La publicación enfatizó que cuestionar la historia del país socava la confianza cultural y nacional de los jóvenes. A medida que se recrudecen las políticas bajo la administración de Xi Jinping, se han impuesto medidas más severas para aquellos que cuestionan el relato oficial. En este contexto, los esfuerzos de Xi para reavivar el orgullo por la dinastía Tang son especialmente relevantes, habiendo celebrado en 2023 un evento con líderes de Asia Central en Xi’an, donde se llevó a cabo una presentación con temática de la dinastía.
Los historiadores, como Rana Mitter, señalan que reflexionar sobre el pasado ha sido, tradicionalmente, una forma de crítica social en China. Esta vez, sin embargo, la narrativa se desarrolla en un clima donde desafiar la historia oficial puede desencadenar repercusiones significativas. Los jóvenes, enfrentados a una economía en desaceleración y a una competencia intensa, han encontrado en esta narrativa una vía de rebelión, desafiando la autoridad al sugerir que las figuras históricas y académicas han engañado al pueblo.
A medida que nos adentramos en esta discusión en constante evolución, es notable que, a mediados de agosto de 2026, se han tomado medidas enérgicas contra Qiao Yu, resultando en la eliminación de sus videos y la censura de cualquier contenido que cuestione la existencia de la dinastía Tang en redes sociales. A pesar de las campañas de desinformación, el People’s Daily concluyó que “la civilización china ha perdurado durante cinco mil años, y la Edad de Oro de la dinastía Tang es uno de sus capítulos más deslumbrantes”.
Este episodio ilustra, quizás, cómo la historia puede ser reexaminada en tiempos turbulentos; no solo como un registro del pasado, sino como un campo de batalla idéntico para el presente y el futuro en el contexto de la identidad china.
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