Las calles de Belgrado, así como las de Valjevo y Novi Sad, se transformaron recientemente en un campo de batalla donde grupos de jóvenes encapuchados se enfrentaron a las fuerzas policiales serbias. Incidentes violentos llevaron a los alborotadores a atacar edificios gubernamentales y de partidos, causando destrozos significativos, incluidos daños a vehículos particulares y propiedades privadas. La respuesta policial fue enérgica, utilizando gases lacrimógenos para controlar la situación.
La intervención de las autoridades resultó en la detención de 56 personas, quienes enfrentarán cargos por alteración del orden público y daños. Según informes, seis miembros del cuerpo policial sufrieron heridas durante los enfrentamientos. Este estallido de violencia se produjo tras una marcha pacífica de protesta contra el Gobierno, la cual reunió a miles de manifestantes.
Las protestas han sido un fenómeno recurrente en el país desde la tragedia de la estación de tren de Novi Sad, que generó un descontento generalizado. Un manifestante, Marko Markovic, destacó la necesidad de una resolución pacífica, instando al gobierno a convocar elecciones para calmar la situación.
En respuesta a los recientes disturbios, el presidente serbio, Aleksandar Vucic, publicó en Instagram que “las máscaras han caído”, condenando las reacciones violentas y asegurando que se repararán los daños ocasionados. La situación en Serbia permanece tensa, con los ciudadanos demandando cambios y un futuro más estable.
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