El 26 de febrero representa un momento significativo en la memoria colectiva de Ucrania y del mundo democrático: el Día de la Resistencia a la Ocupación de la República Autónoma de Crimea y la Ciudad de Sebastopol. Este año, 2026, se cumplen 12 años desde que Rusia inició su agresión contra Ucrania, marcando el comienzo de la ocupación de Crimea, un hecho que no debe ser considerado un evento aislado, sino el inicio de una estrategia sistemática que continúa amenazando la estabilidad global.
Desde el primer momento de esta ocupación, se ha intentado desmentir la resistencia de los ciudadanos de Crimea. Contrario a la narrativa propagada por el Kremlin, miles de ucranianos y miembros del pueblo tártaro de Crimea se manifestaron valientemente frente al parlamento local para defender la soberanía de su país. Durante más de una década, el coraje y la determinación de nuestros conciudadanos en territorios ocupados han sido un faro de esperanza, a pesar del riesgo que representa para sus vidas.
Es crucial que, como comunidad global, utilicemos el lenguaje adecuado: lo que ocurre en Crimea es una ocupación temporal, no una “anexión”. La intervención de Rusia en 2014 fue un acto de agresión que la comunidad internacional nunca ha reconocido ni legitimado. Términos como “reunificación” son herramientas de propaganda diseñadas para ocultar una flagrante violación del derecho internacional.
La península de Crimea ha sido transformada en un escenario de represión, con más de 200 personas detenidas ilegalmente, de las cuales 153 son tártaros de Crimea a febrero de 2026. Para sofocar la resistencia, Rusia ha criminalizado la “desacreditación” de sus fuerzas armadas, resultando en 1,672 casos registrados hasta finales de enero de 2026. Las detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas y la persecución de la identidad ucraniana y tártara son prácticas comunes del régimen ocupante.
La experiencia adquirida en estos años indica que las concesiones territoriales no frenan la guerra; al contrario, las prolongan. Tratar de apaciguar a quienes violan el derecho internacional solo prepara el terreno para nuevos crímenes contra la humanidad.
Recobrar Crimea es esencial no solo por razones humanitarias, sino también porque la península se ha convertido en una fuente constante de peligro, con operaciones híbridas que afectan incluso la seguridad alimentaria global. Es indispensable que se activen mecanismos legales, como la Corte Penal Internacional, para que los responsables de crímenes de guerra enfrenten consecuencias. Solo una paz justa y duradera podrá concretarse cuando todo el territorio de Ucrania, incluida Crimea, esté nuevamente bajo soberanía nacional.
Ucrania no cesará en su esfuerzo por traer a casa a cada prisionero político, ni en restaurar los derechos y libertades en su tierra. La solidaridad de naciones aliadas, como México, es vital para garantizar que el derecho internacional prevalezca sobre la brutalidad y la fuerza. En este contexto, el compromiso global y la acción contundente son más necesarios que nunca para avanzar hacia un futuro en paz y justicia.
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