Cuando un visitante entra a un museo, su atención suele centrarse en las obras de arte y las exposiciones en las paredes. Sin embargo, un creciente número de voces, especialmente entre las comunidades indígenas, nos lleva a cuestionar qué ocurre más allá de esas exhibiciones. La documentada mirada crítica sobre este tema aparece claramente en “Aanikoobijigan [ancestor/great-grandparent/great-grandchild]”, un documental presentado en el Festival de Sundance 2026. En este trabajo audiovisual, una mujer indígena señala la ironía de pagar una entrada para ver lo que, en realidad, son los restos de sus ancestros en condiciones que, de algún modo, los mantienen como “rehén”.
A lo largo de Estados Unidos, los reclamos de repatriación de restos humanos indígenas están cobrando fuerza. El documental, dirigido por Adam Khalil y Zach Khalil, ilustra las disputas que han surgido entre instituciones académicas, como la Universidad Estatal de Michigan, y grupos como la Alianza de Preservación Cultural y Repatriación Anishinaabek de Michigan. A través de estas luchas, se vislumbran las batallas que muchas comunidades enfrentan para recuperar los restos de sus antepasados, un proceso que culmina en ceremonias de re-entierro que raramente son vistas por el público.
El filme también evoca la historia de la arqueología americana, fundamentalmente ligada a la figura de Thomas Jefferson, considerado “el primer arqueólogo estadounidense”. Jefferson excavó restos humanos de montículos funerarios indígenas en 1784, y aunque algunos lo ven como un pionero, miembros de tribus en la película señalan que la única diferencia entre un arqueólogo y un ladrón de tumbas es que el primero posee un título académico. Esta visión crítica se ve reforzada por declaraciones de Sydney Martin, oficial de preservación histórica de la Tribu de Potawatomi de Gun Lake, quien asegura que, sin importar cómo fueron adquiridos, esos restos no pertenecen a los museos.
“Aanikoobijigan” no solo se sumerge en la cuestión de la repatriación, sino que también examina el impacto del pseudo-científico como la eugenesia y la frenología en la construcción de colecciones de restos indígenas. Durante los últimos siglos, las poblaciones indígenas de América del Norte fueron sometidas a una rápida disminución provocada por enfermedades y violencia estatal. En respuesta a esta disminución, instituciones como el Smithsonian comenzaron a reunir colecciones de restos humanos, a menudo sin respeto hacia los derechos de las comunidades afectadas.
En un acto de contrición, el secretario del Smithsonian, Lonnie G. Bunch, emitió una disculpa pública en 2023 por estas prácticas. Sin embargo, aún hoy en día, museos como el Peabody de Harvard mantienen colecciones significativas de restos indígenas, y sus directores reconocen que retener objetos funerarios de los nativos fue un error. La búsqueda de justicia y reconocimiento por parte de activistas tribales sigue ganando presición, aunque las instituciones a menudo resisten las demandas de repatriación.
Realizar un documental sobre la repatriación de restos ancestrales presenta desafíos únicos, dado que muchas tradiciones nativas prohíben la representación de esos restos. Los cineastas experimentan con formas abstractas de representación, enfocándose en la idea de la relación, en lugar de una narrativa lineal del tiempo. Esto ofrece un espacio para reflexionar sobre la conexión espiritual que las comunidades tienen con sus antepasados.
Entre la seriedad y la tensión de estas discusiones, hay momentos ligeros que el documental también captura. Un preservador histórico tribal en Michigan menciona el estereotipo de los nativos americanos en el cine, recordando cómo se les representa como peligrosos incluso en la muerte.
Las intervenciones a cementerios indígenas no comenzaron a poseer protección legal hasta la promulgación de la Ley de Protección y Repatriación de Tumbas Indígenas (NAGPRA) en 1990. Con las recientes actualizaciones a esta legislación, se espera que las campañas exitosas de repatriación, como las documentadas en “Aanikoobijigan”, se hagan más comunes y accesibles en el futuro.
A medida que estos esfuerzos de repatriación avanzan, la lucha por el respeto y la dignidad hacia los ancestros de las comunidades indígenas se torna más urgente. El diálogo sobre el pasado continúa desafiando a los museos y a la sociedad en general a reconsiderar cómo valoramos y tratamos la historia.
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