LA GUAIRA, Venezuela.— En una noche que prometía ser tranquila, Juan Zapata, quien vivía en un quinto piso con vistas al Caribe, experimentó un horror inimaginable. Los dos fuertes terremotos que sacudieron la costa venezolana el 24 de junio lo arrojaron violentamente por su departamento, convirtiendo su hogar en un lugar de caos y destrucción. Tras dos días y siete horas atrapado entre escombros y aceros, Zapata fue rescatado gracias a la valentía de los rescatistas civiles.
“Cuando me sacaron, pensé que estaba en el quinto piso, pero me dijeron que estaba en el sótano dos. No podía creer la magnitud de lo sucedido”, relató desde un hospital de campaña instalado en La Guaira por la organización humanitaria Samaritan’s Purse. A pesar de su delicado estado, con múltiples costillas fracturadas y heridas serias, su espíritu permanece intacto. “Lo material se perdió, pero la salud es lo que Dios me daba”, afirmó.
El desastre ha dejado una huella profunda en La Guaira, la zona más afectada. Las cifras son alarmantes: más de 16,000 personas han quedado sin hogar, y el conteo no oficial de desaparecidos supera las 41,000. A medida que la comunidad se enfrenta a la devastación, el gobierno ha reportado oficialmente 2,954 fallecidos, una cifra que sigue en ascenso. Mientras tanto, casi 30,000 funcionarios y 3,281 rescatistas internacionales se encuentran trabajando en la atención a la emergencia.
Las reacciones del gobierno, sin embargo, han sido objeto de crítica. A pesar de las afirmaciones oficiales de que la respuesta ha sido efectiva, muchos ciudadanos y organizaciones humanitarias consideran que la acción gubernamental ha sido lenta e insuficiente, señalando los retrasos en la llegada de ayudas esenciales.
En el corazón de la tragedia, hombres y mujeres de la comunidad han tomado la iniciativa, convirtiéndose en actores cruciales en las labores de rescate. Un grupo liderado por Alexander Delgado, un profesor de educación física, se ha mantenido en pie de lucha para ayudar a aquellos que perdieron todo. Miguel Poleo, también partícipe de este esfuerzo, busca desesperadamente a su hijastra y su familia. “No creo que ya estén vivos”, compartió con un tono de resignación mientras continuaba excavando entre los escombros.
Los rescatistas continúan encontrando historias devastadoras, pero también destellos de esperanza. Desde el hospital de campaña, se han atendido alrededor de 400 pacientes, realizando intervenciones que podrían llegar a ser hasta 30 en un solo día. Estas instalaciones, construidas a raíz de la colaboración entre el Departamento de Estado de Estados Unidos y varias organizaciones de ayuda, tienen la meta de convertirse en un centro de salud comunitario a medida que se consolide la ayuda.
El compromiso cívico en medio del desastre refuerza el sentido de comunidad en La Guaira. Sin embargo, la necesidad de apoyo efectivo y la coordinación entre las autoridades y los voluntarios sigue siendo fundamental. Las voces de quienes claman por atención y auxilio resonarán hasta que cada vida perdida sea honrada y cada sobreviviente reciba la ayuda que necesita.
Mientras continuamos generando conciencia de la tragedia en Venezuela, es imperativo recordar que, más allá de las cifras y las estadísticas, cada víctima tiene una historia de vida, una familia que espera poder sanar y reconstruir.
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