Las lluvias intensas y el deterioro de la infraestructura hidráulica en el Valle de México están llevando al sistema de drenaje profundo al límite de su capacidad. Esta obra, que ha protegido a la zona metropolitana de inundaciones durante cinco décadas, enfrenta desafíos cada vez mayores, destacando la necesidad urgente de nuevas inversiones y renovaciones.
Recientemente, el 28 de junio de 2026, se registró la lluvia más intensa del año, acumulando cerca de 70 millones de metros cúbicos de agua, equivalentes a 39 estadios Azteca. Este fenómeno ha convertido a junio en el mes más lluvioso de los últimos cinco años. Según expertos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), la Asociación Mexicana de Ingeniería de Túneles y Obras Subterráneas (AMITOS) y el Colegio de Ingenieros Civiles de México (CICM), el sistema de drenaje aún opera, pero su funcionamiento es cada vez más crítico.
Andrés Moreno, vicepresidente técnico del CICM, subrayó que las inundaciones representan un riesgo serio debido a factores como el envejecimiento de la infraestructura y el impacto de las lluvias. Actualmente, el gasto destinado a esta área es solo del 1% del ingreso per cápita, cuando se estima que debería ser del 5% para satisfacer las necesidades actuales.
El presupuesto de la Conagua para el desazolve de 68.4 kilómetros de cauces y ríos en 2026 es de 312 millones de pesos, beneficiando a 1.1 millones de personas. Sin embargo, el mantenimiento mínimo del sistema hidráulico requiere cerca de 900 millones de pesos anuales. Además, se contempla un gasto de aproximadamente 800 millones de pesos para inspeccionar el Emisor Central, una revisión que se considera urgente tras cinco décadas de operación.
La rápida urbanización del Valle de México ha superado las capacidades para las que se diseñaron muchas de estas obras de drenaje. En 2026, se activó 14 veces el Protocolo de Operación Conjunta, un mecanismo entre la Ciudad de México, el Estado de México y la Conagua, para gestionar las lluvias extraordinarias.
Los expertos advierten que el deterioro acumulado de la infraestructura es tan crítico como la intensidad de las precipitaciones. El Emisor Central, que es fundamental para el drenaje profundo, no ha sido inspeccionado desde su construcción entre 1967 y 1975. Si llegara a fallar, las consecuencias serían devastadoras, incluyendo la posible paralización del Metro de la Ciudad de México.
Roberto González, presidente de AMITOS, enfatizó la necesidad de construir el Dren General del Valle, un túnel de aproximadamente 30 kilómetros, así como finalizar el proyecto Chimalhuacán II, que es vital para mejorar la capacidad de desalojo en la zona oriente. La llamada a la acción es clara: se requieren nuevos proyectos, así como la modernización de los existentes, utilizando la tecnología disponible para garantizar la resiliencia ante los desafíos futuros.
Sin duda, la situación del drenaje en el Valle de México es un tema que demanda atención inmediata y un enfoque proactivo para asegurar la seguridad y el bienestar de su población.
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