Duane Michals, uno de los fotógrafos más emblemáticos del siglo XX, falleció el 9 de junio de 2026 a la edad de 94 años en un hospital de Manhattan. Su legado perdura gracias a su innovador enfoque en la fotografía, donde utilizó secuencias de imágenes para contar profundas y enigmáticas narrativas, desafiando las convenciones del medio. Esta noticia fue confirmada por la DC Moore Gallery, que lo representó desde 2013.
Edward De Luca, director de la galería, describió a Michals como una persona de “intelecto, encanto y bondad ilimitados” que exploraba las múltiples facetas de la condición humana a través de su arte. A lo largo de más de seis décadas, sus obras, incluyendo cortometrajes, han mostrado un mensaje universal y atemporal.
Nacido el 18 de febrero de 1932 en McKeesport, Pennsylvania, Michals creció en una comunidad de trabajadores del acero. Aunque su familia se encontraba en lo más bajo de la jerarquía social, él siempre mantuvo un apego a sus raíces. Este contexto influyó en su arte, evidenciando la vida cotidiana y los lugares silenciosos de Nueva York en su serie “Empty New York”.
El trabajo de Michals se hizo conocido por sus “Secuencias”, donde agrupaba varias fotografías para crear narrativas visuales. Su primera obra de este estilo, Death Comes to the Old Lady (1969), aborda el ciclo de la vida y la muerte de manera poética y conmovedora. En The Spirit Leaves the Body (1968), se explora la etérea transición entre vida y muerte, un tema recurrente en su obra.
A medida que su carrera avanzaba, Michals incursionó en enfoques humorísticos y surrealistas, como se puede observar en su serie Things Are Queer (1973), que juega con las percepciones de la realidad y la representación. Este enfoque se complementaba con texto manuscrito en las fotos, una decisión artística que refleja su formación autodidacta.
Las influencias se entrelazan en su obra. Su amor por la literatura y la filosofía lo llevó a cuestionar la naturaleza de la realidad a través de imágenes, como en A Story About a Story (1989), donde se plantea la estructura narrativa del arte mismo. En sus retratos, Michals siempre buscó ir más allá de la apariencia física, capturando la esencia de sus sujetos en formas inesperadas, como lo demuestra su serie sobre René Magritte.
Mientras que la fotografía era su herramienta principal, Michals también exploró el cine a partir de 2015, creando cortometrajes que reflexionan sobre la percepción y el acto de ver. Su obra ha influido en numerosas generaciones de artistas, extendiéndose más allá de la fotografía hacia otras disciplinas.
Desde su primera cámara en 1958, cuya adquisición representó un desafío personal en tiempos de tensiones de la Guerra Fría, hasta sus proyectos más contemporáneos, Michals ha mantenido una voz única en el arte. Su visión, que combina la introspección personal con una crítica aguda de la realidad, siguen resonando en el panorama artístico actual.
En su legado, Michals dejó un mensaje claro sobre la imposibilidad de capturar la realidad en una fotografía, afirmando que la fotografía es solo un reflejo de otros reflejos, una idea que perdura en su obra y que invita a las futuras generaciones a seguir explorando la profundidad del arte visual.
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