Estados Unidos ha dado un giro significativo en su política hacia Venezuela, anunciando el 13 de febrero de 2026 la emisión de dos licencias generales. Esta medida permite a cinco grandes multinacionales petroleras reanudar sus operaciones en el país sudamericano sin enfrentar sanciones. Las empresas favorecidas son Chevron, Eni, Repsol, BP y Shell, cada una con una presencia histórica en la industria petrolera.
Estas licencias autorizan “todas las transacciones” relacionadas con el sector petrolero venezolano y facilitan contratos para nuevas inversiones en petróleo y gas. Este paso se considera crucial para la apertura del sector, que ha estado sujeto a una serie de sanciones impuestas por Estados Unidos desde 2019 en respuesta a la situación política y económica del país.
El cambio en el contexto político de Venezuela, particularmente tras la destitución del presidente Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026, ha facilitado este acercamiento. Maduro fue depuesto por fuerzas especiales estadounidenses, lo que llevó a Washington a retomar el control sobre las exportaciones de crudo del país, interrumpiendo las actividades anteriormente realizadas mediante “buques fantasma” que eran objeto de sanciones.
La nueva administración de Delcy Rodríguez, presidenta encargada, ha mostrado disposición para negociar con las autoridades estadounidenses, incluyendo al expresidente Donald Trump y al secretario de Estado Marco Rubio, quien supervisa la situación. Este diálogo ha rendido frutos, culminando en la aprobación de una nueva ley de hidrocarburos que reforma las regulaciones sobre la inversión extranjera, un tema que había generado tensiones debido a conflictos contractuales y demandas internacionales en el pasado.
Chevron, que había mantenido una limitada actividad en Venezuela bajo permisos específicos, se encuentra en una posición privilegiada tras estas licencias. Adicionalmente, las nuevas autorizaciones no solo abarcan la reanudación de operaciones, sino que también permiten la adquisición de equipamiento y la instalación de infraestructura necesaria en el país.
La reactivación del sector petrolero venezolano podría ser un indicativo de cambios más amplios en la economía nacional, que ha estado en declive durante años. Con el levantamiento de algunas sanciones y la llegada de nuevas inversiones, Venezuela podría estar en el umbral de una recuperación económica que muchos observadores consideran necesaria tras años de crisis.
Es vital para el futuro del país que este cambio se traduzca en beneficios tangibles para su población y en una estabilidad duradera en el mercado energético. La comunidad internacional seguirá de cerca estos desarrollos, que podrían marcar un nuevo capítulo en la relación entre Venezuela y Estados Unidos.
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