El 29 de agosto de 2026, Estados Unidos anunció la movilización de más de USD 3,6 millones en ayuda humanitaria para Nepal, en respuesta a una devastadora riada que ha dejado al menos 675 muertos y 2.498 desaparecidos. Este desastre natural golpeó especialmente al distrito montañoso de Rasuwa, cerca de la frontera con el Tíbet, lo que llevó a Katmandú a solicitar apoyo internacional para enfrentar la emergencia.
La asistencia incluye alimentos de emergencia suficientes para abastecer a 10.000 hogares durante hasta tres meses. Además, en medio de un complejo operativo de rescate, los equipos continúan trabajando para llegar a las zonas más afectadas, donde la destrucción de carreteras y puentes ha complicado los esfuerzos.
Según un comunicado del Departamento de Estado, “la seguridad de los ciudadanos estadounidenses es nuestra máxima prioridad”. Las embajadas de Estados Unidos en Nepal y China están colaborando para ayudar a ciudadanos estadounidenses y a las labores de socorro en curso.
La asistencia llega un día después de que el Gobierno nepalí formalizara su pedido de ayuda internacional, señalando que los recursos ofrecidos por países vecinos eran insuficientes. Las autoridades han considerado incluso la posibilidad de convocar una conferencia internacional de donantes, reconociendo que la recuperación requeriría varios miles de millones de dólares.
Las cifras de víctimas siguen en aumento, con la cuenca del Bhote Koshi reportando la mayor parte de los decesos. Hasta ahora, se han recuperado 675 cuerpos en Nepal y siete en el lado chino, sumando un total de 682 fallecimientos. También se reporta un alto número de desaparecidos, tanto en Nepal como en Tíbet, lo que ha generado una creciente preocupación entre las familias afectadas.
La emergencia ha impactado significativamente el sector turístico. La Junta de Turismo de Nepal indicó que 184 turistas fueron rescatados, mientras que 420 siguen desaparecidos, incluidos dos ciudadanos españoles que fueron ubicados entre los sobrevivientes.
Los equipos de rescate han logrado salvar a más de 7.500 personas, aunque muchas familias continúan esperando noticias de sus seres queridos. La magnitud de la destrucción, con agua y lodo arrastrando materiales diversos, ha dejado a innumerables personas incomunicadas en zonas de difícil acceso, especialmente cerca de las instalaciones hidroeléctricas.
En una medida crucial, el Gobierno nepalí ha decidido permitir la llegada de expertos internacionales que ayudarán en la búsqueda en túneles y en la identificación forense, utilizando pruebas de ADN para identificar a las víctimas.
Hasta el momento, la búsqueda se ha complicado debido a las difíciles condiciones en la región, donde 933 empleados y obreros en complejos energéticos siguen sin ser localizados. Esto ha obligado a replantear y reforzar las operaciones de búsqueda en un contexto de creciente urgencia.
La situación sigue siendo crítica y el futuro de miles de afectados depende de la efectividad de los esfuerzos de rescate y de la respuesta internacional a esta devastadora tragedia.
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