El Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha tomado medidas contundentes contra el Cartel Santa Rosa de Lima y su líder, José Antonio Yépez Ortiz, conocido como El Marro. En un comunicado reciente, emitido el 17 de diciembre de 2025, se afirmó que estos individuos son responsables de la creciente violencia en Guanajuato, la cual está vinculada al control del contrabando de combustible, una actividad ilegal en la que también participa el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
El Marro, detenido en 2020 y condenado a 60 años de prisión por secuestro, enfrenta otras graves acusaciones, incluyendo crimen organizado y lavado de dinero. A pesar de su encarcelamiento, se ha reportado que ha continuado con sus operaciones ilegales, incluso habiendo facilitado la creación de una alianza con el Cartel del Golfo.
Scott Bessent, secretario del Tesoro estadounidense, enfatizó que el departamento está comprometido a desarticular las redes financieras de estos criminales. La reciente sanción implica que todos los activos en EE.UU. de los individuos y grupos señalados quedarán bloqueados y deberán ser reportados al Tesoro. Esta acción se une a las designaciones previas de seis cárteles mexicanos como organizaciones terroristas, un movimiento realizado durante la administración de Donald Trump en respuesta a la percepción del peligro que representan para la seguridad nacional.
El Cartel Santa Rosa de Lima se originó en 2014, inicialmente focalizándose en el robo de hidrocarburos en lo que se conoce como el Triángulo de las Bermudas en Guanajuato. Este territorio ha sido el epicentro de una feroz competencia entre diferentes organizaciones delictivas por el control del lucrativo negocio del huachicoleo, que no solo afecta a Petróleos Mexicanos (Pemex) con pérdidas millonarias, sino que también ha intensificado la violencia en la región. Las tácticas utilizadas para llevar a cabo estos robos varían, desde el soborno a empleados de Pemex hasta la perforación directa de los ductos.
Con la imposición de estas sanciones, EE.UU. busca debilitar aún más a estas organizaciones criminales, que han demostrado ser resilientes y creativas en sus métodos para el lavado de dinero y la ejecución de sus operaciones. Este esfuerzo se presenta como una parte crucial de la estrategia de combate al narcotráfico y el crimen organizado no solo en México, sino también en el territorio estadounidense.
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