Al inicio de 2026, la relación comercial entre México y Estados Unidos se encuentra marcada por la incertidumbre, un elemento crítico que ha influido en la percepción de los inversionistas. Según la Secretaría de Economía, la Inversión Extranjera Directa (IED) proveniente de Estados Unidos alcanzó los 10,210 millones de dólares en los primeros tres meses del año, lo que representa un notable incremento del 23.6% en comparación con el año anterior. Este crecimiento también se refleja en el peso de la IED estadounidense en el total de inversiones, que subió de 38.7% en el primer trimestre de 2025 a 43.3% en el mismo periodo de 2026.
Sin embargo, a pesar de este aumento, la influencia de Estados Unidos como principal fuente de inversión en las entidades mexicanas ha disminuido. Mientras que en 2025, era el mayor emisor de capital en 24 de las 32 entidades federativas, en 2026 esta cifra se redujo a 21. Las entidades que recibieron los mayores montos de inversión fueron la Ciudad de México, con 5,243 millones de dólares, seguida por Nuevo León, Baja California, Estado de México y Jalisco.
No obstante, en 11 entidades, otros países han tomado ventaja. España se posicionó como el mayor inversor en Zacatecas, Quintana Roo, Yucatán, Sinaloa y Colima. Por su parte, Japón, Taiwán, Chile, Alemania, Canadá y Argentina también han hecho sentir su presencia en estados como Aguascalientes, Chihuahua, Michoacán, Morelos, Sonora y Veracruz respectivamente.
Los flujos anuales de IED son vitales, ya que indican la confianza de los inversionistas internacionales y son fundamentales para el crecimiento económico a largo plazo. A pesar de que México se destaca como el principal socio comercial de Estados Unidos y cuenta con una ubicación geográfica favorable, la IED no refleja estas ventajas. En términos per cápita, México recibe apenas 310 dólares de inversión extranjera directa por habitante, menos de la mitad de lo captado por Estados Unidos y Canadá. Comparativamente, países como Chile, que tiene una menor cercanía y vínculo comercial con Estados Unidos, reciben más del doble de inversión por habitante.
La situación sugiere que México no está captando el flujo de inversiones que podría corresponderle, influenciado por la falta de certidumbre jurídica, altos costos administrativos, inseguridad pública y debilidades en el estado de derecho. También existe preocupación por la incertidumbre en la relación con Estados Unidos y la falta de infraestructura, así como una débil promoción del país en el exterior.
Para fomentar un crecimiento económico más sólido, se requiere crear condiciones atractivas para los inversores. En este sentido, el resultado de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) será crucial. La IED no solo es un motor de empleo, también promueve la competencia y contribuye a modernizar la infraestructura productiva y tecnológica del país, especialmente en sectores críticos como la industria manufacturera, incluidas las áreas automotriz, electrónica y energías renovables.
A medida que avanza 2026, las autoridades y analistas económicos estarán atentos a estos desarrollos, dado que el futuro de la inversión en México podría depender en gran medida de la capacidad del país para adaptarse y generar un ambiente propicio para los negocios. La situación actual plantea desafíos y oportunidades que deberán ser abordados para garantizar un crecimiento sostenible en el largo plazo.
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