La Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos ha tomado una decisión drástica en respuesta a la tensión que enfrenta el sistema de transporte aéreo del país. A partir de las 6:00 a.m. del viernes, se implementará una reducción del 4% en las operaciones de vuelo programadas, un cambio que modifica la instrucción inicial de un recorte del 10% en 40 terminales aéreas. Esta medida se enmarca en el contexto de un cierre gubernamental que ya lleva 37 días, durante el cual aproximadamente 2,000 controladores aéreos han optado por dejar sus puestos, buscando empleo provisional ante la falta de pago.
La FAA ha anunciado un calendario gradual para estas reducciones. Este viernes comenzará con el mencionado 4%, con un aumento proyectado al 6% el 11 de noviembre y un 10% adicional a partir del 14 de noviembre, si el cierre del gobierno persiste. Los pasajeros que sufran cancelaciones tendrán derecho a reembolsos, aunque no se contemplan compensaciones adicionales para gastos como hotel, siguiendo la normativa habitual cuando los retrasos o cancelaciones no son atribuibles a la aerolínea.
En un esfuerzo por gestionar la situación, el secretario de Transporte, Sean P. Duffy, y el administrador de la FAA, Bryan Bedford, han indicado que la reducción de vuelos se aplicará de manera paulatina, y las aerolíneas tendrán la flexibilidad de decidir cuáles vuelos cancelar. Las principales aerolíneas del país, como American, United y Delta, ya han comenzado a ajustar sus horarios, priorizando mantener los vuelos internacionales.
Este cierre gubernamental se ha convertido en el más prolongado en la historia de Estados Unidos, superando los 35 días del cierre de 2018. El Senado está programado para hacer un nuevo intento de aprobar un plan de financiamiento provisional que podría poner fin a esta crisis, luego de un total de 15 intentos fallidos debido a la falta de consenso entre los partidos republicano y demócrata.
Los desarrollos actuales han dejado a millones de viajeros en un estado de incertidumbre, resaltando la fragilidad del sistema de transporte aéreo estadounidense en medio de una crisis política que afecta directamente a la operatividad de los aeropuertos más importantes del país. La situación se encuentra en una etapa crítica, y el futuro de las operaciones aéreas dependerá de la resolución del estancamiento político en Washington.
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