Estados Unidos se está preparando para enviar una advertencia a 35 países que colaboran en el ámbito de la inteligencia artificial, instándolos a evitar compromisos simultáneos con iniciativas tecnológicas impulsadas por China. Esta medida, que representa una nueva fase en la competencia entre las dos economías más grandes del mundo, busca controlar tecnologías que se consideran estratégicas para la seguridad nacional y el poder económico.
Según un funcionario estadounidense y un borrador interno revisado por fuentes de confianza, el Departamento de Estado ha elaborado una carta destinada a los países que firmaron una declaración de cooperación en inteligencia artificial en junio. Aunque el documento aún no tiene fecha de envío y podría experimentar cambios, su esencia está clara: formar parte de la iniciativa estadounidense, denominada Pax Silica, implica un compromiso que podría ser incompatible con proyectos orientados desde Beijing.
La iniciativa Pax Silica no solo se centra en software, sino que también abarca semiconductores, minerales críticos y manufactura avanzada. Washington considera que el acceso a estos recursos puede determinar qué países estarán en la vanguardia del desarrollo de sistemas de inteligencia artificial. Así, Estados Unidos busca consolidar una red aliada que comparta inversiones y reduzca la dependencia de proveedores considerados vulnerables.
Entre los países en la mira, Kazajistán se presenta como un caso preocupante. Este estado centroasiático participa tanto en Pax Silica como en la reciente Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial, promovida por Xi Jinping. Su dualidad plantea desafíos significativos para Estados Unidos, que teme que Kazajistán no pueda mantener una cooperación tecnológica sólida y a la vez participar en iniciativas chinas.
En el contexto de esta disputa, un funcionario estadounidense enfatizó que “no se puede tener todo”. La carta aclara que comprometerse con Pax Silica excluye necesariamente la participación en proyectos con metas contrarias. Esta clara delimitación busca fortalecer las alianzas tecnológicas y minimizar la competencia desleal.
La rivalidad se extiende más allá del ámbito tecnológico, alcanzando la producción y control de minerales esenciales. China mantiene una posición dominante en varios de estos recursos, lo que ha utilizado en enfrentamientos comerciales con Estados Unidos. Por su parte, Washington está intentando aumentar su producción interna y asegurar alternativas con aliados.
Mientras tanto, Beijing evalúa restricciones para limitar el acceso exterior a algunos de sus sistemas avanzados de inteligencia artificial, lo que sugiere que estas tecnologías son cada vez más vistas a través de la lente de la seguridad nacional. A pesar de las tensiones, China ha rechazado la politización de la tecnología, argumentando que estas medidas solo inhibirán el progreso global y no beneficiarán a ningún país.
Si se lleva a cabo la advertencia, Estados Unidos trasladaría la competencia tecnológica con China a su relación con terceros países. Esta situación no solo implicaría un desafío en la creación de modelos de inteligencia artificial, sino que también definiría qué gobiernos podrían participar en cada ecosistema tecnológico.
A medida que avanzamos hacia un futuro en el que la inteligencia artificial juega un papel crucial en la geopolítica, las decisiones que tomen los países en los próximos meses serán vitales. La tensión entre los dos gigantes no solo transformará el panorama tecnológico, sino que también determinará las dinámicas de seguridad y cooperación en el ámbito internacional.
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