El pasado domingo, Estados Unidos lanzó una nueva oleada de ataques aéreos dirigidos contra Irán, en un esfuerzo por limitar la capacidad del régimen de Teherán para llevar a cabo ataques a embarcaciones comerciales en el estratégico estrecho de Ormuz. Esta acción por parte del Comando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (CENTCOM) se produce tras un reciente ataque iraní a un buque portacontenedores en esta crucial ruta marítima, dejando a un tripulante desaparecido.
Los bombardeos comenzaron a las 17:00 horas del este de Estados Unidos, con el objetivo declarado de “seguir degradando” las capacidades militares iraníes, específicamente aquellas que amenazan la navegación comercial en la región. Según el CENTCOM, las acciones buscan también responsabilizar a Irán por los recientes ataques a la navegación civil.
Esta reciente escalada se suma a una serie de tensiones militares que han aumentado en torno al estrecho de Ormuz, considerado un corredor vital para el transporte mundial de petróleo y gas. El Ejército estadounidense había confirmado previamente el ataque a aproximadamente 140 objetivos en territorio iraní, incluyendo instalaciones de misiles, drones y otros sistemas militares.
Un funcionario estadounidense reveló que los nuevos bombardeos se dirigieron a sistemas de misiles y embarcaciones de la Guardia Revolucionaria Islámica. Aunque el presidente Donald Trump expresó la magnitud de los ataques, argumentando que se trató de una ofensiva significativa, no se proporcionaron detalles adicionales sobre la operación.
Este aumento en la violencia se desencadenó tras un ataque a un buque mercante con bandera chipriota cerca de Omán, que sufrió daños considerables, dejando 23 tripulantes a salvo y un ciudadano indio desaparecido. La Guardia Revolucionaria de Irán, por su parte, sostiene que otros buques no obedecieron advertencias previas y, por lo tanto, justifican su respuesta violenta.
Irán reaccionó al ataque estadounidense lanzando ofensivas contra varios países de la región, como Bahréin, Kuwait, Qatar, Jordania y Omán, ampliando así el conflicto más allá de la frontera directa con Estados Unidos. Qatar confirmó que había interceptado proyectiles iraníes, mientras que Kuwait reportó daños en sus instalaciones fronterizas y petroleras, evidenciando el alcance regional de la escalada.
Con la creciente preocupación internacional, Omani desempeñó un papel de mediador, proyectando su descontento hacia el régimen iraní al convocar a su embajador para expresar su malestar. Irán ha anunciado que mantendrá el estrecho cerrado hasta que se restablezca la calma y emitió advertencias sobre posibles futuros ataques a posiciones estadounidenses si continúan los ataques militares.
El estrecho de Ormuz, que representa aproximadamente una quinta parte del petróleo y gas comercializado globalmente, se convierte así en un escenario de creciente inestabilidad.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, instó a evitar una escalada del conflicto, señalando que un retorno a hostilidades a gran escala podría tener consecuencias desastrosas. En medio de esta crisis, esfuerzos diplomáticos continúan por parte de naciones como Pakistán, Qatar y Egipto, quienes buscan mantener abiertas las vías de negociación entre Washington y Teherán, intentando prevenir un further deterioro de la situación en Medio Oriente.
(Actualización: datos correspondientes a 2026-07-12)
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