Estados Unidos ha intensificado su campaña militar contra el régimen iraní, llevando a cabo una nueva serie de bombardeos que alcanzaron su decimotercera noche consecutiva. El Comando Central estadounidense (CENTCOM) comunicó que estas operaciones tienen como objetivo debilitar la capacidad operativa de la Guardia Revolucionaria Islámica y responder a las crecientes amenazas hacia la navegación comercial en Oriente Medio.
A las 18:45, hora del este, las fuerzas estadounidenses comenzaron otra ronda de ataques, enfocándose en infraestructuras militares en el Golfo Pérsico. Entre los objetivos destacan centros de mando, depósitos de drones, sistemas de comunicación y puestos de vigilancia costera. A pesar de estas agresiones, el CENTCOM afirma que el estrecho de Ormuz, una vía crucial para el tráfico marítimo, permanece abierto y que los buques comerciales navegan con libertad, respaldados por la presencia militar estadounidense. Según información oficial, más de 50,000 militares norteamericanos están actualmente desplegados en la región, lo que responde a la necesidad de reducir la amenaza que representa la actividad militar iraní para el comercio internacional.
La escalada de tensiones se ve también reflejada en las acciones de los rebeldes hutíes en Yemen, que han ampliado el conflicto al mar Rojo. Estos grupos, aliados de Teherán, han bloqueado puertos saudíes y reivindicado ataques a los petroleros Encelia y Layla. En el contexto de esta expansión del conflicto, el precio del crudo Brent superó nuevamente los 100 dólares por barril, lo que preocupa a los mercados debido a la posibilidad de interrupciones en el transporte marítimo.
El presidente Donald Trump ha advertido que responderá con un “gran castigo militar” si Irán o los hutíes llevan a cabo más ataques contra intereses estadounidenses. Además, ha declarado que se utilizarán activos iraníes congelados bajo control de Estados Unidos para compensar cualquier daño provocado por estas hostilidades.
Desde el régimen iraní, el ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, ha calificado los ataques de Washington como “irracionales” y “dominantes”, mientras los medios estatales informan sobre las repercusiones de estos bombardeos, como la muerte de dos personas en Shalamcheh, cerca de la frontera con Irak. También se reporta que misiles impactaron en Bushehr, donde se localiza la única planta nuclear civil de Irán.
Las repercusiones del conflicto no se limitan a Irán y Estados Unidos. Otros países de Oriente Medio, como Jordania y Kuwait, han confirmado la interceptación de proyectiles, a la vez que Irán asegura haber atacado objetivos militares estadounidenses en esos territorios. Kuwait también informó que drones habían alcanzado un puesto fronterizo sin causar víctimas, aunque sus sistemas de defensa aérea han intervenido para detener ataques hostiles.
En medio de este contexto de creciente tensión, Omán trabaja en gestiones diplomáticas para reactivar el diálogo entre Arabia Saudita y los hutíes, expresando una “gran preocupación” por el deterioro de la seguridad en el mar Rojo. António Guterres, secretario general de la ONU, advirtió sobre los riesgos de una mayor expansión del conflicto, subrayando que “una crisis alimenta a otra” y que las escaladas militares continúan extendiéndose por la región.
Esta situación, que se desarrolló hasta el 23 de julio de 2026, continúa siendo un punto crucial en la geopolítica de Oriente Medio, donde operaciones militares por tierra, aire y mar se intensifican en un escenario cada vez más volátil.
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