El 19 de septiembre de 2026, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, se reunió con el ministro de Exteriores de Corea del Sur, Cho Hyun, en un encuentro que subrayó la importancia de asegurar la libre navegación en el estratégico estrecho de Ormuz. Este estrecho, un punto vital para el tráfico marítimo de petróleo, ha sido objeto de tensiones en la región. Aunque ambos funcionarios coincidieron en la relevancia de proteger esta ruta, Corea del Sur dejó en claro su decisión de no enviar tropas para participar en la custodia marítima.
Durante la conferencia de prensa, Cho enfatizó la voluntad de su país de contribuir significativamente a la seguridad en la zona, pero recalcó: “No habrá ningún envío de tropas que lleve a una involucración en un conflicto extranjero”. Las palabras de Cho reflejan una política de no intervención que, según el presidente surcoreano, Lee Jae-myung, ha sido el principio guía de su gobierno. Lee insistió en que “hasta ahora hemos mantenido el principio de no implicación y no intervención en la guerra. Y seguiremos defendiéndolo en el futuro”.
Además de tratar la cuestión de la navegación, la reunión incluyó discusiones sobre un considerable proyecto de inversión surcoreano, valuado en 350,000 millones de dólares, en territorio estadounidense, un acuerdo resultante de un pacto comercial bilateral firmado el año anterior. Rubio también hizo hincapié en la necesidad de avanzar en las negociaciones sobre la desnuclearización de la península coreana, reafirmando el compromiso mutuo por una “desnuclearización completa” de Corea del Norte y reconociendo la relevancia de la cooperación en materia de seguridad entre Estados Unidos, Japón y Corea del Sur.
El vocero del Departamento de Estado, Tommy Pigott, subrayó la importancia de la coordinación trilateral para mantener un Indo-Pacífico libre y abierto, y reclamó avances en las inversiones comprometidas. Asimismo, mencionó la necesidad de garantizar condiciones comerciales justas para las empresas estadounidenses en Corea del Sur, destacando el sector estratégico de los semiconductores.
En un contexto más amplio, Lee Jae-myung se refirió a un posible aumento de las operaciones navales en el golfo de Adén, donde Corea del Sur mantiene su unidad naval Cheonghae. Sin embargo, negó que ello significara un despliegue militar con fines bélicos en el estrecho de Ormuz, aclarando que su gobierno no participará en conflictos militares.
Días antes, el presidente estadounidense Donald Trump había criticado la limitada contribución de otros países a las operaciones militares de su nación en la región, señalando específicamente a Corea del Sur. Esto agrega un matiz a las relaciones bilaterales, ya que Washington mantiene aproximadamente 28,500 soldados en Corea del Sur como parte de su defensa frente a Corea del Norte, que posee armas nucleares. Las inquietudes de Trump sobre el compromiso de sus aliados alimentan un contexto de incertidumbre que podría influir en futuras colaboraciones en materia de seguridad en Asia Oriental.
Con este panorama, la reunión del 19 de septiembre no solo representa un intento de fortalecer la cooperación en temas críticos, sino que también refleja el delicado equilibrio que Corea del Sur busca mantener entre colaborar con Estados Unidos y evitar un compromiso militar directo en conflictos regionales.
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