En México, un notable 11% de los hogares depende de las remesas que envían familiares, amigos o conocidos desde países como Estados Unidos y Canadá. Estas transferencias, que en 2025 alcanzaron los 61,791 millones de dólares, sufrieron una caída de 4.6% en comparación con el año anterior, marcando el primer descenso tras más de una década de crecimiento continuo y el más significativo desde 2009. Este retroceso plantea serias preguntas sobre las implicaciones económicas para millones de mexicanos que dependen de estos ingresos.
Las remesas son más que simples depósitos; son un soporte crucial para el día a día de numerosas familias, especialmente aquellas de menores recursos. Según el Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos, alrededor de 4.49 millones de hogares, equivalente al 11.3% del total en el país, son beneficiarios de esas transferencias. En regiones como Occidente y Bajío —que abarcan Aguascalientes, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Nayarit, Querétaro, Colima y Zacatecas—, el impacto es aún más pronunciado, ya que un 17.2% de sus habitantes reciben remesas. Guanajuato, Michoacán y Jalisco se destacan como las entidades que recibieron mayores cantidades en 2025.
La forma en que se utilizan estos fondos es igualmente reveladora. Aproximadamente 9.83 millones de adultos, alrededor del 10.4% de la población total, reciben remesas que pueden suponer hasta el 60% de sus ingresos. Según un estudio de Worldpanel de Kantar, el 50% de estos recursos se destina a la compra de productos de consumo cotidiano, incluyendo alimentos y artículos del hogar. Un 38% se utiliza para pagar servicios como agua, electricidad e internet, mientras que otros gastos incluyen educación y deudas, indicando que las remesas son vitales para más que solo las necesidades básicas.
Sin embargo, con la caída del monto total recibido, se estima que México dejó de recibir cerca de 3,000 millones de dólares en 2025 en comparación con el año anterior, lo que representa alrededor de 57,000 millones de pesos. Factores como el temor de los migrantes a perder su empleo por posibles deportaciones y el empeoramiento del mercado laboral estadounidense han contribuido a este descenso. Además, la capacidad de compra de estos fondos se ha visto afectada por la depreciación del dólar respecto al peso, lo que ha resultado en una caída anual del 4% en 2025.
Expertos como Gabriela Siller, economista en jefe de Banco Base, advierten que esta disminución en el flujo y el poder adquisitivo de las remesas es un golpe significativo para muchas familias que dependen de esos ingresos. Aunque no se anticipan efectos drásticos en el consumo, se prevé que 2026 será un año de desafíos, con incertidumbres adicionales relacionadas con la economía estadounidense y las políticas migratorias más restrictivas.
La situación revela un panorama complejo en el que las remesas, aunque no son una testamentación del éxito económico nacional, juegan un papel fundamental como salvavidas en la vida cotidiana de millones de mexicanos, quienes enfrentan la dura realidad de subsistir en medio de cambios económicos y sociales.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.

![[post_title]](https://columnadigital.com/wp-content/uploads/2026/02/Nueva-ley-impulsa-el-cine-mexicano-75x75.png)
