Los países ricos que han experimentado las tasas de inmigración más elevadas en los últimos 35 años han cosechado importantes beneficios económicos, y según un estudio reciente, aún hay espacio para absorber a más trabajadores. Este estudio se presentará la próxima semana durante una relevante conferencia del Banco Central Europeo (BCE).
En medio de un contexto de crecientes tensiones políticas sobre la inmigración, donde partidos de extrema derecha y antinmigrantes han elevado este tema a una prioridad, los datos revelan una realidad distinta. El análisis realizado por Giovanni Peri, profesor en la Universidad de California en Davis, examinó minuciosamente datos de decenas de países pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). A pesar de las percepciones políticas, concluye que la llegada de inmigrantes, muchos de ellos altamente cualificados, ha impulsado notablemente tanto el crecimiento como la productividad en estos países.
El artículo resalta que, durante y después de las oleadas de inmigración, la productividad laboral de los países de acogida ha crecido de forma significativa. Peri indica que un aumento del 1% en la población inmigrante de un país se asocia con un incremento del 1,2% en el crecimiento del PIB por trabajador en cinco años y del 1,9% en diez años. Este patrón es crucial, especialmente para la Unión Europea, donde el crecimiento natural de la población ha sido negativo desde 2015, con una aceleración correspondiente a la pandemia de COVID-19.
Entre 1990 y 2024, el número total de inmigrantes en los países de la OCDE se incrementó de aproximadamente 25 millones a 100 millones, mientras que el crecimiento de la población nativa ha comenzado a reducirse en varias naciones. Impactos económicos significativos se observan en países como España, Italia y el Reino Unido, donde el estudio encontró que un tercio del crecimiento económico por trabajador podría atribuirse a la inmigración.
En el caso de España, la proporción de inmigrantes ha aumentado en 15 puntos porcentuales en la población adulta, lo que podría traducirse en un crecimiento del PIB por trabajador un 28% superior. En el Reino Unido, un aumento del 10% en la población inmigrante representó aproximadamente un 19% del incremento total del PIB por persona.
Además, el estudio sostiene que los beneficios de la inmigración no disminuyen con un aumento en su afluencia. Ejemplos de países como Canadá y Australia, que han integrado a un gran número de inmigrantes, sugieren que existe un considerable margen para absorber más trabajadores sin comprometer la productividad y la inversión.
Así, este análisis invita a reflexionar sobre la importancia de la inmigración no solo como un factor demográfico, sino como un motor clave para el crecimiento económico en un mundo donde la polarización sobre este tema se intensifica.
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