El 11 de septiembre de 2026, Israel llevó a cabo una operación militar significativa al detonar una vasta red de túneles construida por Hezbollah en la cresta de Ali Taher, situada en el sur del Líbano. Esta acción, que se tradujo en una explosión de tal magnitud que se registró como un sismo de 4,1 grados, fue parte de los esfuerzos israelíes para consolidar una zona de seguridad en territorio libanés.
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, anunció que el Ejército estaba “preparado para continuar la campaña” contra el grupo terrorista chiita. Esta ofensiva se realizó una semana después de que las tropas israelíes tomaran el control de la estratégica cresta de Ali Taher, en medio de tensiones marcadas por inminentes elecciones en Israel y la proximidad del año nuevo judío.
Durante la operación, se utilizaron 1.100 toneladas de explosivos para desmantelar la infraestructura subterránea que se extendía a lo largo de más de dos kilómetros. En estos túneles, el Ejército israelí aseguró haber encontrado un centro de mando, viviendas y depósitos de armamento iraní, incluyendo cohetes, misiles y drones. Se sostiene que este sistema de túneles fue desarrollado durante dos décadas gracias al financiamiento y diseño del régimen clerical de Irán, conocido como un patrocinador clave de Hezbollah y Hamas.
La explosión fue tan intensa que generó una bola de fuego visible, cuya onda sísmica fue registrada por el Servicio Geológico de Estados Unidos a las 18:08 horas locales, con epicentro a 13 kilómetros al oeste de Nabatiyé y a una profundidad de diez kilómetros. Katz, en un mensaje posterior, reconoció a los militares como héroes de la operación y expresó que “el enemigo ha sido eliminado y sus túneles han quedado destruidos”.
Además, Katz declaró que ahora se cuenta con una “zona de seguridad sólida”, que abarca desde la costa hasta el castillo de Beaufort y las estribaciones del monte Hermón. Esta zona permitiría proteger a las comunidades israelíes de ataques, mientras se mantiene la presión sobre Hezbollah dentro de su propio territorio.
El jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, advirtió que cualquier ataque a las comunidades del norte de Israel sería respondido de manera inmediata. Asimismo, se refirió a las negociaciones en curso entre Israel y Líbano, que podrían permitir el despliegue del Ejército libanés en el sur, enfatizando que esta fuerza debe demostrar su efectividad para avanzar en el acuerdo recién firmado.
El contexto de esta escalada en la violencia se remonta a la historia de ocupación israelí en el sur del Líbano desde 1982, y las tensiones actuales se vieron exacerbadas tras ataques recientes en territorio iraní. Según informes, las operaciones militares israelíes han causado más de 4.300 muertes en Líbano desde marzo de 2026, lo que incluye tanto a combatientes como a civiles.
El 26 de junio, se alcanzó un principio de acuerdo entre Líbano e Israel, mediado por Estados Unidos, que busca establecer un cese al fuego permanente y restaurar la soberanía libanesa en el sur. Uno de los puntos cruciales de este entendimiento es el desarme de Hezbollah, un tema que ha sido rotundamente rechazado por el grupo en el contexto de continuos ataques mutuos.
La tensión persiste, y las dinámicas de este conflicto son complejas y multifacéticas, dejando a la región en un estado de incertidumbre. A medida que ambas naciones avanzan en sus negociaciones, la situación seguirá siendo un área crítica que requiere atención constante.
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