Acabo de alcanzar un hito significativo en la vida adulta. No se trata de un matrimonio, del nacimiento de un hijo, o de la compra de una casa; soy un escritor en Australia y, por lo tanto, eso no es una opción. Este logro, aunque pequeño, es importante: finalmente tuve que buscar en Google un término de la jerga de la Generación Z.
Este cambio es algo que muchos ya han experimentado, junto con logros más tradicionales. Pero yo he estado en línea durante mucho tiempo, lo cual ha sido crucial para mi carrera, además de ser mi hobby favorito: explorar el vasto mundo de internet. Hasta ahora, no había sentido la necesidad de investigar la jerga; absorbía las palabras y expresiones a través de la exposición. Ver cómo un término emergía en un rincón remoto y evolucionaba de una plataforma a otra me otorgó un contexto y comprensión que me hacían sentir “fluido” en este nuevo lenguaje.
Hoy, sin embargo, me siento cada vez más desconectado, como aquellos de la anterior generación que se esforzaban por entender la jerga de los jóvenes en sus días. Anteriormente, podían seguir el ritmo con frases como “roflcopter” y “pwned”. Sin embargo, las cosas han cambiado drásticamente. Ahora, la red tiene múltiples microculturas, cada una con su propio lenguaje en evolución constante. Dispersos por Reddit, Discord, TikTok y otras plataformas de streaming y gaming, estos nuevos dialectos difícilmente pueden ser comprensibles para quienes no están constantemente inmersos en ellos.
La velocidad a la que el lenguaje evoluciona es frenética, y por eso los jóvenes crean constantemente nuevos términos. Algunos consideran que esta jerga y las memes que la acompañan son realmente problemáticos, pero muchos de estos términos, que a menudo provienen de culturas POC o queer, son ingeniosos y astutos. Por ejemplo, “rizz” como abreviatura de “carisma” ya está en desuso, pero su creatividad es indiscutible.
Esta transformación constante del lenguaje es fascinante, aunque a veces frustrante. Muchos términos perdurarán en el tiempo, mientras que otros desaparecerán. Sin embargo, ya no tengo acceso a esta fluidez. La realidad es que ahora he pasado de absorber el lenguaje a estudiarlo. Este fenómeno, aunque desalentador, es simplemente parte de la vida.
En el mundo actual, si alguien se ve obligado a buscar una jerga, lo más probable es que no debería usarla. Esta conclusión se vuelve crítica, especialmente para aquellos en posiciones de poder, como políticos o funcionarios de relaciones públicas, que intentan atraer a los jóvenes utilizando jerga. Resulta contraproducente y, en última instancia, podría anular el impacto de un término en su totalidad.
A pesar de esta desconexión, continuaré investigando la jerga por mi interés personal y para captar mejor la comunicación de las nuevas generaciones en mi vida. Estoy consciente de mis límites; ya no soy un observador pasivo, sino un estudiante activo en este nuevo terreno lingüístico. En definitiva, aunque pueda sentirme perdido en este océano de palabras en constante cambio, es un viaje que estoy dispuesto a emprender.
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