Con la avalancha de libros de temática musical, uno debe extremar las precauciones. Entre los filtros, quizás el más sencillo sea comprobar si el tomo lleva una discografía más o menos exhaustiva, una exigencia elemental pero cuya ausencia destapa las prioridades del autor. En ese sentido, Cómo ser Mala (Temas de Hoy) no pasa la prueba. El espacio teóricamente reservado para un listado de discos está ocupado por los extensos créditos de la sesión de fotos que ilustra, por decir algo, el libro.
Más información
¿Libro? Urge recordar la lección del pintor Magritte, lo de Ceci n’est pas une pipe. Puede que esta obra de Mala Rodríguez no sea realmente un libro. El texto es mínimo, disimulado con el cuerpo de letra, hinchado por el añadido de fragmentos de sus canciones, vengan o no a colación, y engordado por las abundantes páginas en blanco. La sensación dominante tras haberlo leído: se trata de una colección de recuerdos expresados en voz alta, grabados y ordenados de aquella manera por alguien de fuera (se menciona a Ana Robla como responsable de “corrección de estilo”) antes de ser voluntariamente opacados por la artista que firma.
Tiene mucho de ejercicio de trilero. Puedes respetar que Mala oculte quienes fueron los padres de sus hijos o el proceso que le llevó a divorciarse de su marido, pero intuyes que se empeña en contar una verdad incompleta. Tampoco ayuda que la caótica narración apenas esté anclada por fechas. Y no es cuestión de pudor: resulta bastante explícita al evocar determinadas aventuras sexuales y asuntos de drogas. Explícita… hasta cierto punto: ¿qué hace una rapera cuando un alto funcionario mexicano le envía un kilo de cocaína?


