Los mexicanos muestran una creciente desconfianza en su capacidad para adquirir una vivienda, en un contexto económico que consideran complicado tanto para sus familias como para el país. Esta percepción se refleja en el Indicador de Confianza del Consumidor (ICC), que mide la disposición de los hogares a comprar, construir o remodelar una casa en los próximos dos años.
Recientemente, este índice sufrió una caída de 2.1 puntos en diciembre de 2023, marcando su cuarto descenso anual consecutivo y alcanzando el nivel más bajo desde noviembre de ese mismo año. Janneth Quiroz, directora de Análisis Económico, Cambiario y Bursátil de Monex, señala que persiste un sentimiento pesimista entre los consumidores, evidenciado por la deteriorada evaluación de la situación económica tanto actual como futura en el país.
A pesar del desánimo, el deseo de adquirir una vivienda propia sigue presente: el 76% de los mexicanos aspira a obtener una casa. Sin embargo, las dificultades económicas son palpables. Un alarmante 71% de los jóvenes de hasta 35 años cree que es más complicado adquirir o rentar una vivienda en comparación con sus padres, y el 55% de quienes rentan manifiestan que nunca podrían costear la compra de una casa.
El análisis de Ipsos revela que las principales barreras para acceder a la vivienda incluyen altos precios de las propiedades (53%), tasas de interés elevadas (39%) y el acelerado aumento en el costo de construcción (32%). Además, un 27% menciona la mala calidad de las viviendas y un 14% la escasez de opciones de vivienda social.
En este contexto, la situación laboral también juega un papel crucial. Durante la primera mitad de 2025, el valor promedio de una vivienda se sitió en 1.86 millones de pesos, un incremento del 8.4% respecto al año anterior. Para adquirir una propiedad de este valor, es necesario comprobar ingresos mensuales de entre 38 mil y 58 mil pesos, una meta que parece inalcanzable para muchos. En el tercer trimestre de 2025, solo 465,290 de las 59.5 millones de personas ocupadas en el país ganaban más de cinco salarios mínimos al mes, cifra que apenas permitiría aspirar a una casa.
La opción de asociarse con otra persona para obtener un crédito es una alternativa, pero la informalidad laboral afecta esta posibilidad. Más del 50% de la población trabaja en el sector informal, lo que se traduce en bajos salarios y escasas prestaciones, obstaculizando el acceso a la vivienda.
Con esta cruda realidad, la esperanza de que los mexicanos puedan materializar su sueño de tener una casa propia parece cada vez más remota, mientras el país enfrenta desafíos económicos significativos en 2026.
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