El próximo 1 de octubre marcará un hito significativo en la política mexicana: un año desde la llegada de la presidenta Claudia Sheinbaum al poder. Este período ha estado lleno de retos, tanto para ella como para el país en su conjunto.
A inicios de este año, Manuel López San Martín presentó su libro “El séptimo año”, una obra que se presenta como un análisis ineludible de la presidencia de Sheinbaum. A pesar de que el legado patrimonialista del antiguo priismo se había atenuado por las transiciones democráticas de principios del milenio, la llegada de López Obrador lo revitalizó. Consciente de su alta popularidad, el expresidente no dudó en señalar a su sucesora y promocionarla desde el inicio de su gestión, estableciendo así un camino que recrea la idea del poder como un legado.
Sin embargo, es fundamental señalar que, aunque este también es el séptimo año de López Obrador, representa el primero para Sheinbaum. El expresidente, impulsado por su propia popularidad, pudo haber subestimado la situación económica y social del país al final de su mandato, confiando demasiado en mantener el control político desde su posición externa. El triunfo electoral de Donald Trump en Estados Unidos sugirió un cambio radical en el escenario previamente establecido por López Obrador, revelando las verdaderas implicaciones de sus políticas.
La desarticulación de instituciones creadas por organizaciones civiles con el objetivo de limitar el poder ha sido una estrategia clave para consolidar el control del partido oficial. Esta ruta, sin embargo, ha llevado a complicaciones evidentes, incluyendo la necesidad de deshacer contubernios con el crimen organizado que han sido expuestos recientemente.
A pesar de las dificultades, la presidenta Sheinbaum ha navegado su primer año con un nivel aceptable de éxito. Su popularidad se ha mantenido robusta, incluso frente a escándalos de corrupción que han salpicado a figuras prominentes de su partido, sin afectar su liderazgo a corto plazo. Sin embargo, la gestión de la economía podría presentar nuevos desafíos. En los primeros seis meses del año, la economía mexicana se ha mantenido al borde de la recesión, con un descenso significativo en la inversión pública y un desmejoramiento en la economía formal.
A medida que el país se adentra en su segundo año bajo el fervor del actual gobierno, dos reformas legislativas cruciales están en la cúspide del debate público: la ley de amparo y la reforma electoral, que buscan incrementar el poder del estado. Estas propuestas han generado controversia y podrían desencadenar fuertes movilizaciones ciudadanas, retando así el control político establecido.
En resumen, el camino que le aguarda a la presidenta Sheinbaum promete estar repleto de desafíos y complejidades en un contexto económico y político volátil. La atención se centrará en cómo manejará las presiones internas y externas que podrían definir su gestión en el futuro cercano. El equilibrio entre acceder a las expectativas del ex presidente y establecer un camino propio será crítico en este nuevo año de gobierno.
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