En una conversación reveladora en el área verde de Fox News, un conocido conservador expresó su preocupación por la caída de la fertilidad en Estados Unidos. Su argumento sugirió que los inmigrantes asimilan demasiado rápidamente a una cultura de “baja fertilidad” y que eso podría ser un obstáculo para aumentar la tasa de natalidad. En respuesta, se planteó que la verdadera razón detrás de esta asimilación radica en el alto costo de oportunidad que enfrenta quien decide tener hijos en el país. Esta interacción subraya un patrón común en el análisis de las diferencias culturales en el ámbito social y económico: la tendencia a atribuir comportamientos a la “cultura” sin profundizar en las raíces de esos comportamientos.
En una obra seminal de 1977, los economistas George Stigler y Gary Becker advirtieron que atribuir diferencias en los comportamientos sociales únicamente a la cultura es el equivalente a rendirse ante la complejidad del fenómeno estudiado. Este enfoque, que se aleja de la búsqueda de factores económicos como precios e incentivos para entender los comportamientos, limita el discurso al mero uso de una etiqueta vacía.
En el contexto actual, la palabra “cultura” se usa a menudo de manera vaga. Se refiere a un vasto espectro de comportamientos y características, desde valores hasta costumbres. Sin embargo, cuando se utiliza como explicación, actúa más como un resumen que como una verdadera causa. Esta tendencia es especialmente evidente en debates contemporáneos en plataformas como Substack y X, donde la invocación de la cultura parece ofrecer respuestas fáciles a problemas complejos como el desempleo o la fertilidad.
Los economistas Luigi Guiso, Paola Sapienza y Luigi Zingales también han destacado los peligros de considerar la cultura como un variable independiente. Su análisis, realizado en 2006, argumenta que la amplitud y la vaguedad del concepto hacen que sea complicado diseñar hipótesis que puedan ser probadas de manera efectiva. En contraste, el análisis riguroso que busca determinantes concretos de comportamiento sigue siendo el camino más efectivo para el entendimiento verdadero de las dinámicas sociales.
Un ejemplo interesante es la interpretación convencional de los costosos funerales en Ghana. La respuesta estándar suele ser que son un reflejo de la reverencia hacia los ancianos; sin embargo, esto no resuelve la cuestión fundamental de por qué tal comportamiento cultural se desarrolla. En cambio, el análisis profundo sugiere que la presión de las redes de parentesco y el deseo de demostrar lealtad a la comunidad pueden estar en el corazón de este fenómeno, mostrando que el uso de la “cultura” como una explicación a menudo oculta incentivos más profundos.
El análisis de los países divididos también ofrece claridad sobre la relación entre cultura e instituciones. Ejemplos como la separación de Corea o la de Alemania demuestran que, a pesar de compartir raíces culturales, las diferencias en los resultados económicos son en gran medida atribuibles a las instituciones y los incentivos. La lógica detrás del éxito de Taiwán y Singapur en comparación con China bajo Mao refuerza la idea de que las condiciones económicas y políticas, más que las características culturales, son responsables de los resultados observados.
Las explicaciones culturales a menudo resultan en simplificaciones que evitan el trabajo arduo de investigar los factores que realmente influyen en la toma de decisiones. La falta de desarrollo de razones que vayan más allá de la cultura se convierte en un obstáculo intelectual que impide un análisis más significativo. Por ejemplo, al considerar por qué ciertas sociedades muestran bajos niveles de confianza, puede parecer tentador atribuirlo a la cultura; sin embargo, una evaluación más profunda revela que las instituciones subyacentes podrían estar moldeando esas actitudes.
Finalmente, es crucial que los analistas comprendan que la cultura no actúa de manera aislada. Se encuentra inextricablemente ligada al entorno institucional y económico que la forja. Lo que se necesita es un enfoque más riguroso que busque entender las estructuras subyacentes que realmente conforman el comportamiento humano.
Es sólo a través de esta dedicación intelectual que los investigadores pueden hacer sentido del amplio paisaje social y económico. Abordar la cultura como un simple mecanismo explicativo puede ser tentador, pero rara vez ofrece la visión que la complejidad del comportamiento humano demanda. Las explicaciones que se basan en la búsqueda de incentivos, precios y restricciones son las que realmente aportan al entendimiento de los fenómenos sociales contemporáneos.
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