En 2017 comenzaba una iniciativa que tenia un propósito especifico y es hacer reflexionar a las personas privadas de su libertad, en torno a temas como la ética de la no violencia, la cultura de la paz, los derechos humanos, la justicia, la dignidad y, por supuesto, la libertad.
El proyecto Filosofía Aplicada en Prisiones BOECIO promueve habilidades filosóficas como el pensamiento crítico, el gobierno sobre uno mismo y la comunicación entre personas en exclusión social, “El arte de vivir”, en los últimos cinco años es alentador para los catedráticos de la Universidad Nacional Autónoma de México, continuar con este sueño hecho realidad, ese innovador programa educativo que enseña en las prisiones más que un saber, un “saber ser”.
Entre los alumnos que han participado en los talleres de filosofía en el Centro de Ejecuciones de Sanciones Penales Varonil Oriente (anexo al Reclusorio Oriente), el Sur y el femenil de Santa Martha Acatitla, “ha habido una disminución considerable de sus ideas suicidas, así como el surgimiento de un espacio de encuentro con ellos mismos, autocrítico, que se replica con las personas que los visitan; también ha bajado su consumo de drogas y sus niveles de ira, ya que ahora utilizan las herramientas del pensamiento para el manejo y solución de conflictos, explico el doctor en filosofía y bioética Ángel Alonso Salas, pionero en México de ese proyecto
Desde hace varios años la apuesta de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) “es sacar a la filosofía de las aulas y llevarla a los lugares más vulnerados y marginados de la sociedad, para que no solamente las personas que tienen el privilegio de llegar a algún grado educativo donde se imparte esta disciplina puedan adquirir esos conocimientos”.
Los talleres, que se impartieron todos los días durante ese año en los centros penitenciarios capitalinos, tuvieron la finalidad de liberar el servicio social del futuro filósofo, pero “al terminar se hizo una conferencia de cierre en la que las personas privadas de su libertad en Santa Martha pidieron que siguieran las clases; fue así que decidimos continuar”, recordó Alonso Salas.
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