En un mercado del arte contemporáneo marcado por la exclusividad y la competencia feroz, se estableció un mecanismo conocido como “buy one, give one” (bogo). Este modelo de venta, que ganó popularidad entre 2021 y 2023, permitió a los coleccionistas asegurar un lugar privilegiado en la lista de compradores de artistas de alta demanda al adquirir dos obras: una para su colección personal y otra destinada a una institución museística. Esta dinámica ha transformado la relación entre galerías, coleccionistas y museos, siendo considerada una estrategia eficaz para reducir la especulación del mercado mientras apoya a los artistas a largo plazo.
Con bogo, los artistas ganan visibilidad al ver sus obras adquiridas por museos, y los coleccionistas logran acceder a piezas muy codiciadas. Este enfoque ha resultado en que instituciones reconocidas como el Metropolitan Museum of Art y el Instituto de Arte Contemporáneo de Miami hayan obtenido obras valiosas a través de estas donaciones. Adam Green, coleccionista y asesor de arte, afirma que durante el auge del mercado, la conversación sobre bogo se convirtió en algo común. Sin embargo, como ha ocurrido en otros sectores, la caída del mercado en los últimos dos años ha llevado a una reducción en el uso de este esquema.
Las razones detrás de este cambio son claras. Primero, la competencia por adquirir obras contemporáneas ha disminuido drásticamente. Los coleccionistas menos establecidos, que alguna vez necesitaban recurrir a bogo para asegurarse una adquisición, ahora pueden acceder a trabajos sin restricciones. En segundo lugar, las galerías han aumentado los precios de sus obras para alinearlos con el mercado de subastas, eliminando así el incentivo detrás de comprar dos piezas en lugar de una.
A pesar de la disminución de la popularidad de los bogo, se siguen considerando en un contexto más selecto. Coleccionistas de artistas como Le Hei Di y Lucy Bull continúan participando en estas transacciones. Además, hay un nuevo giro en las negociaciones: algunas galerías están fomentando donaciones en efectivo para museos en lugar de obligar a los coleccionistas a donar obras directamente. Este enfoque, conocido como “bogs” (buy one, give some), proporciona flexibilidad tanto a las instituciones como a los compradores.
Sin embargo, no todos en el mundo del arte ven este fenómeno con buenos ojos. La percepción que puede surgir de que los coleccionistas influyen en las decisiones de adquisición de los museos plantea preguntas complicadas. Además, a medida que el costo de almacenamiento se vuelve más oneroso, los museos reconocen que recibir una obra gratuitamente también implica costos asociados.
Así, el descenso de las transacciones bogo refleja un cambio en el equilibrio de poder entre coleccionistas, galerías y museos. Con un mercado de arte que cambia constantemente, todos los actores participan de manera más reflexiva en sus decisiones, buscando asegurar que la obra adquirida represente verdaderamente el potencial de los artistas contemporáneos. En una era en la que el acceso a la cultura visual es más valioso que nunca, el futuro de las dinámicas de compra y donación en el mundo del arte sigue siendo un tema vital a seguir.
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